Breaking Bad

Breaking Bad: Cuando el asesino narcotraficante engulló al enfermo de cáncer

Bryan Cranston explica en sus memorias cómo su personaje de Walter White en «Breaking Bad» revolucionó las series al convertir al villano en protagonista, rompiendo los moldes de la televisión en un giro de guión sin precedentes

Bryan Cranston en el papel de Walter Whiter en «Breaking Bad»
Bryan Cranston en el papel de Walter Whiter en «Breaking Bad»
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A la sombra de la matriarca de «Malcolm», se hartó de pasear desnudo o en patéticos «slips» su «espeso vello corporal». Aprovechó «el potencial cómico» de Hal, el malhadado padre de familia, y reinventó un personaje que empezó siendo plano. Bryan Cranston, riguroso actor de método, construyó la némesis de Lois (Jane Kaczmarek) en la sitcom y se puso su disfraz, tallando en él las cualidades opuestas a su esposa: si ella era intrépida, fuerte, lista y extrovertida, él debía ser temeroso, débil, romo, reservado. Consiguió con este papel tres nominaciones a los premios Emmy, pero sería su breve intervención en un capítulo de «Expediente X» la que le allanaría el camino para esculpir una muesca con su nombre en la historia de la televisión.

Vince Gilligan, creador de «Breaking Bad», quería a Cranston para el papel principal. Se acordaba del actor por su papel de Patrick Crump en la serie protagonizada por Gillian Anderson y David Duchovny, e hizo llegar su interés al agente del intérprete, que por entonces estaba desempleado y meditaba un cambio radical en su vida laboral: del antimorbo de su Hal cuando se afeita el vello corporal a convertirse en un símbolo sexual en «Nurses», «una versión sensual de Anatomía de Grey». «¿Con cincuenta años me ofrecían un papel en el que me quedaba con la chica? Me sentí halagado», cuenta Cranston en «Secuencias de una vida», sus memorias. Pero picó el anzuelo de Gilligan y se leyó el guión de su serie de una sentada, y comenzó «a soñar con ese tal Walter White».

A Walter le toca una mano mala. Ha estado viviendo en una especie de zona muerta emocional, y, ante el pronóstico definitivo —dos años de vida—, deja que todo lo que lleva dentro estalle: compasión, ira, desesperación

Y gracias a una treta, pescó a los productores de «Breaking Bad», pasando por delante de Matthew Broderick y llevándose el papel del profesor de química sin siquiera pasar un casting. Todo, pese a las pegas de la cadena y el estudio, que decían: «¿Bryan Cranston? ¿El padre tontaina de "Malcolm"?».

De Mr. Chips a Scarface

Imaginó a Walter como un hombre que había perdido muchas oportunidades en la vida; alguien invisible para la sociedad, incluso para sí mismo; patoso, para más inri. Pero cuando le preguntó a Vince Gilligan sobre sus planes para el arco narrativo de la serie, este respondió: «Quiero que este personaje deje de ser un Mr. Chips y se convierta en un Scarface». Quería que el bueno que se ganaba a la audiencia se convirtiese en malo. Que el doctor Jeckyll evolucionase en el criminal Edward Hyde. «Una de las cosas que hacía que la serie fuera tan convincente era su carencia de fronteras morales claras. No había puntos de inflexión indiscutibles. No había respuestas fáciles», aclara el actor.

Para Walter White, ser profesor era un refugio, un escondite. Si se hubiera hecho camionero, la gente lo habría criticado, pero ¿profesor? Era intocable

La transformación de Walter White en su alter ego maligno Heisenberg rompió una regla no escrita en las series: hasta ese momento, los personajes que el público llegaba a conocer y amar eran intocables. «La idea dominante durante la mayor parte de la historia de la televisión había sido que los espectadores querían personajes en quienes confiar. Archie Bunker. En cada episodio de "Todo en familia" él siempre es Archie. Jerry Seinfeld, lo mismo. A Ross y Rachel ("Friends") se los ve en diferentes circunstancias —¿lo harán o no lo harán?— pero invariablemente son Ross y Rachel. También los personajes que habían abierto nuevos caminos, como tony Soprano: por más geniales y revolucionarias que hubieran sido la serie y la interpretación, no se veía mucho cambio en Tony entre el principio y el final. Tony Soprano es Tony Soprano. Puede que Don Draper cambie un poco, pero en lo básico sigue siendo Don Draper hasta el reflexivo episodio final, y hasta eso es discutible: algunos opinan que este publicista adicto al trabajo no estaba reflexionando sobre el aquí y ahora, sino sobre la creación de un anuncio publicitario de Coca-Cola. típico de Don», reflexiona Bryan Cransotn en sus memorias. «Vince proponía reventar el modelo de serie exitosa. Walt cambiaría de verdad. Cuando acabara la serie, sería alguien irreconocible para los espectadores y para él mismo».

Era una idea atrevida, pero finalmente consiguieron convencer a los menos aficionados al riesgo, los que ponen el dinero. Y Cranston volvió a enfundarse en «slips», en esta ocasión para conducir una caravana como Walter White. Y volvió a detenerse en los detalles, porque importan demasiado.

Al principio le costó saber cómo era su personaje. No encontraba una vía de entrada. Sabía que la base de Hal era el miedo, así que mediante el mismo proceso buscó la de Walter. Le tomó su tiempo pero la encontró: White era brillante, pero temía al fracaso, a no estar a la altura de las expectativas, a no conseguir todo lo que la gente le dijo que conseguiría. Un hombre que se asustó, que sucumbió a la presión.

«Y entonces pensé: "Qué listo, es profesor". ¿Por qué? Es una profesión inexpugnable (...) La docencia es una vocación para mucha gente, pero no para Walt. Para él era un refugio, un escondite. Si se hubiera hecho camionero, la gente lo habría criticado, pero ¿profesor? Era intocable», explica Cranston sobre su primera aproximación al protagonista de «Breaking Bad». Y ahí comenzó a dibujar más aristas en su personaje. Atribuyó su insensibilidad a la depresión, que había ahogado sus sentimientos. «Implosionó, y después e volvió invisible».

No siempre fue un asesino

No sabía la magnitud del proyecto que estaba acometiendo, ni lo convincente y fascinante que sería vivir ese cambio radical en su propia piel... durante seis temporadas. «El anzuelo estaba ahí desde el principio. Walt estaba venido a menos, pero era un hombre de familia que hacía todo lo que podía, que vivía de nómina, mes a mes, como tanta gente del planeta. Al comienzo, no era un asesino más de lo que tú o yo lo somos. Él solo quería hacer algo por su familia antes de sucumbir al cáncer. Quería marcharse a su manera».

Cuando todo es hipotético, es fácil escoger el camino difícil, pero Walt enfrentaba preguntas atroces en tiempo real y los espectadores participaban en sus dilemas. Estaban dentro, tenían sentimientos por él. Le perdonaban cruzar la línea, aun cuando lo dominaban el dinero y el poder

Una cosa llevó a la otra, y de repente comenzó a fabricar meta. También mató a un hombre, pero fue en defensa propia. Pero cuando dejó morir a Jane, la novia de Jesse, el público se quedó sin excusas para justificar su comportamiento. Esa escena conmocionó a Cranston y al estudio. No sabían si la audiencia seguiría fiel o lo rechazaría. Era el punto de inflexión de la degeneración de Walter White, y ese acto homicida podía hacer peligrar la ficción de AMC. Todavía no era un asesino a sangre fría, por eso incurrieron en un matiz, hicieron que se sintiese devastado. Para expresar esos sentimientos contradictorios, Cranston imaginó el rostro de su hija. «Cuando todo es hipotético, es fácil escoger el camino difícil, pero Walt enfrentaba preguntas atroces en tiempo real y los espectadores participaban en sus dilemas. Estaban dentro, tenían sentimientos por él. Le perdonaban cruzar la línea, aun cuando lo dominaban el dinero y el poder. Incluso cuando quedó claro que no lo movía la preocupación por el futuro de su familia, sino su propio ego», escribe el actor. Pero cuando envenena al niño, «la gris zona moral ya ha desaparecido»; se vuelve evidente que White es malo, que está loco. Pero el público ya era leal, no podía desprenderse de él.

Pero, en realidad, la desintegración moral de Walter White comienza en el primer capítulo de la serie. «A Walter le toca una mano mala. Ha estado viviendo en una especie de zona muerta emocional, y, ante el pronóstico definitivo —dos años de vida—, deja que todo lo que lleva dentro estalle: compasión, ira, desesperación. A medida que se le va acabando el tiempo, esos sentimientos iniciales desaparecen y dejan un residuo tóxico, un cieno combustible que le permite actuar de forma temeraria y extrema, comprometer todo lo que le importa, poner en peligro a las personas que más quiere: su familia», resume Cranston. Y Walter White no pasa la prueba. Y el profesor de química, el padre de familia se convierte en Heisenberg. El villano narcotraficante engulle al enfermo de cáncer.

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