«This is us»: cosas que perdimos en el fuego

En «This is us» los poderes se ganan en situaciones cotidianas y la muerte del patriarca amenaza los cimientos de la normalidad de estos héroes sin capa

La familia Pearson, protagonistas de «This is us»
La familia Pearson, protagonistas de «This is us»
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El gran filón de «This is us» es su honestidad. No necesita ni efectos especiales ni esperpénticas tramas, tan solo la cercanía de unos personajes «imperfectamente perfectos». No hay épicas batallas, ni puñaladas por la espalda. No hay risas enlatadas ni sucesos paranormales. Tampoco gángsteres sin escrúpulos ni superhéores con capa. Aquí los poderes se ganan en situaciones cotidianas, porque en «This is us» solo están los Pearson, y la rutina que les rodea a medida que crecen y tropiezan. A través de saltos temporales, de idas y venidas, se explica por qué esta familia es como es, y también qué les ha hecho ser así (de normales).

Las discusiones de los Pearson, sus reconciliaciones y sus adicciones dan fuelle a una serie vertebrada por la cotidianidad (que no mediocridad) de sus protagonistas, que ríen, aman, mueren y fracasan como cualquier persona. La segunda temporada de la ficción de Fox continúa, armónica, en la misma sintonía. Un poco más oscura si cabe, profundizando en la muerte del patriarca de esta familia, un héroe deteriorado por sus propias virtudes y defectos, a la deriva entre lo que creó (su familia) y lo que le arrastró (el alcohol).

«This is us» refleja esa dualidad en una escena perfecta. Rebecca va a buscar a Jack, lo perdona, porque los Pearson no se rinden, y se suben al coche juntos. Al instante, jugando con esos saltos temporales que agilizan la trama entre presente y futuro, Jack desaparece y en su lugar solo están sus efectos personales. Rebecca sigue al volante, y en lugar de alejarse vuelve a la casa, en la que ya no está su marido, tan solo los escombros del incendio que se cobró su vida. Lejos de perder punch al desvelar su secreto mejor guardado, la serie ofrece una vuelta de tuerca, una nueva perspectiva con la que mirar la rutina de la familia protagonista.

La muerte de Jack es el motor que hizo despegar la segunda mitad de la primera temporada y que ahora vuelve para cerrar el círculo entre el pasado y el presente. La vida es injusta y «This is us» oscila entre la empatía de los protagonistas y cómo los maltrata el karma. Es su pérdida la que aboca a los protagonistas a los continuos flashback, la necesidad de seguir volviendo la cabeza por si su padre o marido sigue ahí, a su lado, de seguir contando con él aunque no esté, de conseguir su perdón, aunque nunca hiciera falta. La muerte se llevó a su héroe y los dejó desamparados. Por eso siempre vuelven a cuando él estaba, para que los entendamos y entenderse, reconstruyendo cómo cambió su vida con esta pérdida y cómo a día de hoy sigue afectándoles.

Y es que pese a los años, los protagonistas siguen anclados en ese momento decisivo, en la ausencia de un padre y marido imperfecto al que idealizan, y en la impotencia consciente de olvidar el pasado. Porque su fantasma sigue marcando el devenir de los personajes, incapaces de actuar sin pensar en cómo lo haría un padre que les dejó sin pedir permiso.

La muerte de Jack siempre ha rondado la trama. Su fantasma incluso aconsejó a Randall en la primera temporada. Nunca esperamos ver su salvación, su victoria ante la muerte, pero el misterio de cómo había sucedido seguía envolviendo cada arista de la serie. Hemos visto cómo nacieron y crecieron, cómo sufrieron durante la infancia. Ahora, los personajes ya no podrán huir, toca madurar y enfrentarse. Las circunstancias de la muerte han sido reveladas, y solo queda ver cómo estos héroes sin capa se enfrentan a sus fantasmas sin el velo del pasado, sin filtros, como hacen con los prejuicios, con el rencor, con la vida que les ha tocado vivir, asumiendo las consecuencias.

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