Snowfall

El crack del 80, los orígenes de la droga que convirtió Los Ángeles en un infierno

HBO España estrena «Snowfall» en julio

Franklin, uno de los protagonistas de «Snowfall» (en el medio), junto a sus amigos en la serie
Franklin, uno de los protagonistas de «Snowfall» (en el medio), junto a sus amigos en la serie
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Tres personajes detonan la trama de «Snowfall», la nueva serie de HBO España que produce FX, que recrea la epidemia del crack que cambió la idiosincrasia de Los Ángeles en la década de los ochenta. El trío nunca coincide, su peso en la historia es coyuntural, pero vertebra la estructura de una ficción que integra a diferentes minorías y retrata sin pudor y con inteligencia la decadencia de la época.

«Snowfall» no es solo una serie sobre cómo se gestó el narcotráfico en la ciudad californiana, involucrando a latinos y afroamericanos pero también la polémica participación del CIA, que patrocinó a los contras de Nicaragua sin ningún tipo de decoro durante el mandato de Ronald Reagan. La ficción desdibuja los tópicos clásicos del género para adentrarse en el conflicto interno de sus protagonistas: héroes clásicos, jóvenes honestos o «don nadies» pervertidos por la desmedida ambición de lo que podría reportarles la droga, esa anhelada segunda oportunidad, para encontrarse o redimirse, más rápida y sencilla que otras vías, pero con el riesgo implícito de perderse en el camino.

No descuida tampoco la estética, que irremediablemente recuerda al clásico de Richard Linklater «Movida del 76» y, por supuesto, a la decadencia del universo de «The Wire», aunque más moderna que la pionera, y con impostados fundidos a negro como separata para mantener, de momento, las tramas pretendidamente independientes.

«Es inevitable la comparación con la ficción de David Simmon. Siempre hay una "Primera serie"», explica el español Sergio Peris-Mencheta, Gustavo en «Snowfall». Sin embargo, para el actor madrileño, esta serie creada por John Singleton se desmarca de otras como «Breaking Bad» o «Narcos», de trama similar», para encajar en los colores empleados por Denis Villeneuve en la película «Sicario».

Para relajar el truculento retrato del «Al Capone de los ochenta», no se olvida «Snowfall» de recurrir al humor, con un genuino alivio cómico que descarga la saturada atmósfera.

Para equilibrar la balanza, lo que la droga da, la droga quita. Agrieta la vida de unos protagonistas tan enganchados al polvo blanco como los adictos, aunque no lo consuman. Las maniobras del negocio trastocan su cotidianidad, dando un vuelco a la existencia construida hasta entonces.

Franklin, el hilo conductor de la serie, encabeza la presencia de la comunidad afroamericana. Es un joven despierto, con más formación cultural que sus vecinos del barrio, inspirado en una historia real, la de Rick Ross, el Al Capone de 1980. «Un joven inteligente y con mentalidad empresarial que se inventa el crack», cuenta Peris-Mencheta. Teddy es un «exiliado» agente de la CIA, y el encargado de reflejar la polémica doble vara de medir de la agencia que, saltándose todo tipo de protocolos, entra en el juego del narcotráfico. Y Gustavo, interpretado por el actor español y para el que ha engordado unos quince kilos, un luchador en declive, sin familia, que se mete en este mundo para sentirse integrado. «Gustavo es lo que le gusta a los yankees, un personaje misterio del que ni siquiera ellos saben nada, de pocas palabras, que se va quitando capas de cebolla», aclara el intérprete madrileño. Un trío coyuntural que encabeza el reparto y sostiene el peso de la trama. Ninguno de ellos consume, no tienen mácula, tan solo su propia conciencia.

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