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Crítica de serie

Crisis in Six Scenes: A Woody Allen le salen las cuentas

A sus 81 años, el director neoyorquino debuta en el mundo de las series con esta producción para Amazon

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La última película de Woody Allen se llama «Crisis in Six Scenes» y es una serie. En total, algo más de dos horas, divididas en seis capítulos de unos 25 minutos, en los que lo mejor es ver cómo el director hace encajar los puntos de tensión según se acerca el final de cada episodio. Sin embargo cae en lo peor de las series: «trampear» el final de cada parte para que el espectador quiera ver el siguiente.

Con «Crisis in Six Scenes» Woody Allen se ha saltado la tradición que mantenía desde 1989 de hacer sólo una película –una historia– al año. En 2016 rodó «Café Society» y esta producción de Amazon. Los espectadores de cine disfrutaron de su versión más acertada.

Lo mejor de la serie, pese a que es algo que se podía esperar, es ver al personaje que interpreta Woody Allen repetir sin parar la broma de que está a punto de vender una serie para televisión porque «es lo que da dinero». Woody Allen en pantalla riéndose del Woody Allen detrás de la pantalla. Es el tipo de humor que hemos visto al neoyorquino mil veces, solo que aquí hace que el espectador piense que quizá haya algo de verdad detrás. Falta ese golpe de magia que debe tener uno de los mayores creadores de la historia del cine. A un genio se le presupone que con poco que haga presentará una historia interesante y divertida. Pero sin trabajo (o pasión, o esfuerzo, o interés) esa historia interesante y divertida no será trascendente. Y «Crisis in Six Scenes» es un producto puramente Woody Allen pero que parece escrito por un Woody Allen funcionario. No hay riesgo, no hay sorpresa. Hay lo de siempre, que para los amantes de su cine funciona; pero no les quedará en el recuerdo como algo sobresaliente. Y es una pena porque parece una oportunidad perdida: lo que podría haber salido si hubiera querido innovar con las posibilidades que da la pequeña pantalla.

Desde el título inicial y la música de arranque, el espectador sabe lo que va a ver. Líos de familia, torpes encuentros con personas del pasado, diálogos atropellados y toques de crítica política y de desgranar la condición humana. Se ve fácil y hace reir, que es más de lo que algunas de las últimas series de «producción propia» de los tres grandes imperios del VoD pueden prometer. Ahí se ve la mano –floja pero mano al fin y al cabo– de un creador. Y solo por eso merece la pena.

¿Esa es Miley Cyrus?

Comienza la serie y se lee, con la tipografía habitual de las películas del neoyorquino, el título sobre fondo negro: «Crisis in Six Scenes». Aparece después el nombre del director. Y después, el de Miley Cyrus. Si no se sabe nada de la producción, al espectador se le cae la cara al suelo (o si la ve en el ordenador en la cama, sobre la almohada). Y comienzas a pensar: «Bueno, está Woody Allen detrás, que sabe algo de dirigir a actores; seguro que no está tan mal la chica». La esperanza se rompe con la primera aparición de ella. Sobreactuada. Mucho. Muchísimo. Parece que está rapeando con esa actitud tan forzada. No es que sea –o no lo parece– el histrionismo asumible en las películas de él, no, es otra cosa y se hace complicado entender por qué ella. A no ser que sea por un afán publicitario...

«Crisis in Six Scenes» ha sido un estreno decepcionante para un debutante de 81 años. Puede que sea esta la confirmación de que no es igual un medio que otro, y que lo que espera un espectador de cine (que hace un esfuerzo por ir a una sala, pagar una entrada y compartir reposabrazos con un desconocido) no es lo mismo que el espectador «en streaming» (cuyo principal esfuerzo es ponerse de acuerdo con la pareja para decidir qué serie ver esa noche). Si al menos sirve para eso, bienvenido seas al mundo de las series, Woody Allen.