Una víctima de ETA analiza «Fe de etarras»: «Me preocupa la banalización de la violencia»

Cristina Cuesta, cuyo padre fue asesinado en 1982, comenta para ABC la comedia que hoy estrena Netflix

Cristina Cuesta durante el visionado de «Fe de etarras»
Cristina Cuesta durante el visionado de «Fe de etarras» - Maya Balanya
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Julián López es Fernando (o Pernando), un etarra de Albacete que cada vez que pasaba por el cuartelillo de Chinchilla se quedaba mirando los carteles de las más buscadas. «Me ponía cachondo perdido. ¿Te acuerdas de las más buscadas del 97? Mecagüen, había dos ahí… Menudo par de pibones. Fíjate que cuando las detuvieron y los quitaron entré para pedirlos». Es una escena de «Fe de etarras», la película de Borja Cobeaga que hoy estrena Netflix. A Cristina Cuesta le dio un escalofrío al escuchar eso. «1997 es el año del asesinato de Miguel Ángel Blanco y precisamente una de las asesinas condenadas, Irantzu Gallastegui, tenía fama de eso. No sé a quién se refiere el personaje pero puede ser perfectamente esta sujeta».

El padre de Cristina Cuesta, Enrique Cuesta, delegado de Telefónica en San Sebastián, fue asesinado el 26 de marzo de 1982 por los Comandos Autónomos Anticapitalistas. Ella tenía 20 años y ese día cambió su vida. En los primeros 80, el silencio, la complicidad, la justificación y hasta la culpabilización de la víctima, cuyas familias pasaban a ser marginadas y estigmatizadas, eran habituales en la sociedad vasca. En 1986, Cristina promovió la Asociación por la Paz. Se concentraban después de cada asesinato. Ha sido una de las pioneras de los movimientos cívicos contra el terrorismo y a favor de las víctimas. Fue presidenta de Covite (Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco) y hoy dirige la Fundación Miguel Ángel Blanco. Capullo, el asesino de su padre, fue condenado en 2010 a 46 años de cárcel.

Después de la polémica por la campaña publicitaria de «Fe de etarras» en San Sebastián, ABC propuso a Cristina Cuesta ver la película que narra con humor negro la historia de un comando etarra en un piso franco durante el Mundial de Sudáfrica. Le ha parecido aburrida. «Esperaba reírme en algún momento. Son cuatro personajes patéticos y estrafalarios dentro de un tema muy doloroso y grave». ¿Cree que deslegitima el terrorismo? «Por supuesto, pero de una manera frívola, banal y jocosa. Y esta sociedad se merece, desde el respeto a la producción artística, otras obras que hagan reflexionar sobre las responsabilidades. Y además, ¿por qué como sociedad nos permitimos enfrentarnos a la banalidad del terrorismo de ETA cuando somos absolutamente estrictos, y así debemos serlo, con la violencia contra las mujeres? No nos podríamos enfrentar a una obra en la que salieran tres maltratadores y que todo fuera muy jocoso. Sería impensable».

Cristina ha visto «Vaya semanita» y «Ocho apellidos vascos». Borja Cobeaga se ha preguntado por qué el humor que antes era bálsamo ahora es ofensa. «El programa de televisión se reía del nacionalismo, tenía una función desmitificadora. ‘Ocho apellidos vascos’ es una fase intermedia y no se aborda directamente el tema del terrorismo, sí la violencia callejera. Pero con ‘Fe de etarras’ hay un salto cualitativo en el sentido de que obvia absolutamente las consecuencias de los actos de los protagonistas. Sobre todo cuando estamos tan cercanos al sufrimiento. Tiene que haber público para todo y el que quiera ir a ver una comedia y reírse… Pero me parece que carece de esa sensibilidad. Es una parodia continuada de unos criminales descerebrados que pueden general empatía. Es la humanización cuando no existe la deshumanización que provocan sus actos».

«Una locura que causó casi 900 muertos»

Se ha alegado que el filme se ríe de los verdugos, no de las víctimas. «Es que no hay víctima sin verdugo». También puede señalarse que a los protagonistas se les presenta como a unos pringados. «Me pongo en la situación de un espectador joven que no tiene mucha información sobre el terrorismo de ETA, que sabe las cuatro cosas de la televisión. Ve la película y dice ‘si estos eran unos pringados, es una locura’. Pero, claro, es una locura que causó casi novecientas víctimas mortales, que afectó a la democracia española durante años y que condicionó la vida de miles de personas. Yo esperaba un guiño a todas las personas que se vieron afectadas, una especie de dedicatoria… La sociedad tiene derecho a opinar y a mí lo que me preocupa es la banalización de la violencia. ETA ha sido derrotada pero existe una legitimación en las calles».

Cristina Cuesta cree que quizá hay una intención de querer acabar con esto, de pasar página, de pasar del tiro a la risa. “Faltaría una fase intermedia, que es la que estamos construyendo, la de asunción de culpabilidades, la de análisis. Dirán que esto es pasado, pero el dolor de las víctimas no es pasado, es cotidiano”. Claro que no pide prohibiciones ni nada parecido. “Lo que pido es autorregulación de todas las áreas, la cultura, la educación... Hay que dar libertad pero hay que dar otras herramientas”.

El Ministerio de Educación está elaborando asignaturas que recojan historia del terrorismo y de las víctimas del terrorismo. Cristina, que ha dado 106 charlas en 30 años, colabora en la orientación y formación a las víctimas que van a ir a los centros escolares a contar su experiencia. Para que no exista ese espectador joven sin información.

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