La tristeza de Greta Garbo, la estrella de Hollywood que nunca reía

Las 36 cartas que Sothesby's saca a subasta atestiguan la «insoportable» amargura de «la divina», así como su extremo deseo de mantenerse en la sombra y huir de la fama de la industria

Greta Garbo
Greta Garbo
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En unos tiempos en los que los actores y actrices de Hollywood dedican casi tanto tiempo a cortejar a periodistas y modistas como a rodar películas y en los que la exposición pública de todo tipo de miserias parece la culminación de cualquier realización social, sorprende encontrar a un puñado de seres que renunciaron a su inmensa popularidad para internarse en las profundas aguas del misterio, que no del olvido. Una estirpe a la que pertenece nuestra venerada Marisol y a la que también se adscribió Greta Garbo, la mujer que nunca reía, la «divina» de la pantalla cuyo sorprendente retiro a los 36 años no hizo sino incrementar una leyenda forjada a base de impecables actuaciones y enigmas nunca resueltos, escribe Óscar Bellot.

Fallecida hace casi dos décadas, su recuerdo sigue vigente. La semana que viene, Sothesby's saca a subasta más de un centenar de fotografías de Garbo antes de alcanzar la fama –d ela que siempre intentó huir– y 36 cartas que la estrella del Hollywood dorado envió a la condesa Hörke Wachtmeister; testimonio de su puño y letra que da fe de la tristeza y soledad de una actriz que no encajaba con su entorno, marcada por la sempiterna nostalgia a su Suecia natal y la depresión de la que nunca fue capaz de salir y que refrenda su frase más famosa, murmurada en 1932 en la película «Gran Hotel»: «Quiero estar sola».

En las cartas escribe sobre «He estado pensando mucho sobre Tistad, en los veranos allí cuando llueve y esa maravillosa melancolía nos envuelve...», pero también sobre su deseo de escapar de la industria del cine y de su propio estrellato, exponiendo la falta de confianza en sí misma y en su trabajo.

«Hay una insoportable tristeza y soledad en estas cartas. Es llamativo que ninguna de ellas haya sido firmada, en una pone ‘The Clown’ (El payaso) en vez de una firma, unas cuantas tienen dibujos de mujeres. El deseo de mantenerse en las sombras, alejada de ser el centro de atención, es extremo, uno siente que hay algo muy, muy mal», analiza Gabriel Heaton, experto del departamento de libros de Sotheby’s.

Un grito en silencio

«Casi siempre estoy sola y hablo conmigo misma. Conduzco hasta la playa y paseo y eso siempre es maravilloso. Pero eso es todo», redactó en noviembre de 1939, manifestando su aislamiento en Beverly Hills. Otra de las misivas, que ocupan casi 200 folios y más de 22 sobres, se refiere con ironía a la historia de amor de Eduardo VIII de Inglaterra, cuya relación con Wallis Simpson le llevó a abdicar del trono británico: «Estimada señora Simpson, ahora sus días de silencio se han terminado. Será perseguida allá donde vaya. Espero que los fotógrafos la asusten tanto que deje a mi rey en paz».

En 1945, tras el fracaso de «La mujer de dos caras», Garbo escribió: «He estado considerando una película que podría intentar hacer, pero no lo sé. El tiempo deja sus huellas en nuestros rostros y pequeños cuerpos».

Las cartas han sido traducidas por, Cecilie Gasseholm, una especialista de Sothesby's que habla sueco con fluidez. «Pasé dos días encerrada en una habitación con ellos y la tristeza realmente me llegó», dijo. «La gente asomaba la cabeza por la puerta y me preguntaba si estaba bien, y me veía decirleso: "Idos, dejadme en paz"».

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