Episodio 8 Star Wars: Los últimos Jedi

Por qué nunca debió existir la nueva trilogía de Star Wars

¿Está justificado el regreso de Star Wars en la trilogía de secuelas? Este viernes se estrena el Episodio VIII: Los últimos Jedi, pero resucitar un recuerdo que cuarenta años después sigue tan vigente necesita más (y quizás mejores excusas)

Vídeo: George Lucas impresionado con el Episodio VIII
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Quien pudiera pensar que la Guerra de las Galaxias era un imperio agotado, se equivocaba. La franquicia, llevada por primera vez a la pantalla en 1977, ha despertado tras un largo letargo y una trilogía de precuelas, para muchos, fallida. Una década después de su desenlace con el «Episodio III: La venganza de los Sith», J.J. Abrams volvió a revivir en 2015 el universo galáctico de George Lucas con «El despertar de la Fuerza». Las expectativas eran altas, tras años de hibernación, y la taquilla engordó con su regreso, saturando el mercado con los 537 millones de dólares que logró en su primer fin de semana en cartelera.

Pero, para muchos, la vuelta de Star Wars no mereció la pena. Al menos no lo suficiente. Vieron innecesario resucitar una saga asentada sobre la misma base que las primeras películas, como sucediera con la trilogía de precuelas. ¿Estaba justificada?

Ni siquiera el relevo generacional de los nuevos protagonistas, la diversidad racial incorporada en personajes como Finn (John Boyega) o el afán por recuperar como nexo de unión entre las dos generaciones viejas glorias como Leia, antes princesa y ahora general Organa (Carrie Fisher), el ya Maestro Jedi Luke Skywalker (Mark Hamill), Chewbacca o Han Solo (Harrisond Ford) explicaron entonces (y ahora) los esfuerzos.

J.J. Abrams, fan acérrimo de este mastodonte del merchandising, modernizó la popular saga, con efectos especiales inexistentes en el momento de su primer salto a la gran pantalla. Pero poco más, ya que los nuevos protagonistas eran un calco de los originales, mantenían la misma esencia bajo una nueva apariencia y nombre. Los paralelismos entre «El despertar de la Fuerza» con el «Episodio IV: Una nueva esperanza» eran evidentes: un regalo envuelto en papel diferente pero con el mismo sabor de las primeras películas, una especie de pastiche que, si bien vale la pena disfrutar en una sala de cine, no respalda la necesidad de su regreso. Ni siquiera cuando han pasado cuatro décadas entre la primera película y la última, «Los últimos Jedi», que se estrena este viernes.

Aún así, gustando más o menos, es evidente que el tirón prevalece. Superar el producto original no fue nunca la intención de Abrams, así como tampoco la ambición de Rian Johnson, que coge el testigo del anterior director para «Star Wars: Los últimos Jedi». Sin embargo, este último, en un alarde de osadía, ha intentado romper con el molde inédito de las tres primeras películas. Su estoico gesto consigue algo, cierta esperanza, pero quizás no lo suficiente para justificar la (otra) nueva vida del imperio galáctico. Los fans no olvidan, y resucitar un recuerdo que cuarenta años después sigue tan vigente necesita más (y quizás mejores excusas).

Han Solo, pese a la valiente decisión de Abrams de su despedida en «El despertar de la Fuerza», sigue vivo en el carismático Poe Dameron (Oscar Isaac), uno de los personajes que más ha calado de este relevo generacional y que adquiere más protagonismo en «Los últimos Jedi». Rey (Daisy Ridley) nace con el lastre sobre sus hombros de suplir a Luke Skywalker, de dosificada pero espectacular presencia en esta última película. Muchos verán en Kylo Ren (Adam Driver) la sombra de Anakin Skywalker, su poder, prometedor, pero también en una lucha constante entre el bien y el mal. Y en lugar de los ewoks, que tantos muñecos vendieron, surgen los porgs.

«Star Wars: Los últimos Jedi» sí tiene una baza, inesperada, con la que alimentar esas expectativas: la reciente muerte de Carrie Fisher, eterna Leia, que falleció hace un año de forma repentina.

Pese a las diferencias y los intentos por desmarcarse de la trilogía original de George Lucas, su peso persiste como un lastre del que estas nuevas películas no pueden escapar. La fidelidad y admiración hacia el producto original impide a estos directores elaborar un proyecto inédito, y sucumben al homenaje, a los guiños y referencias, tanto en personajes como tramas, en batallas galácticas y paisajes.

«Star Wars: Los últimos Jedi» aspira, según las predicciones publicadas por Deadline, a superar los 420 millones de taquilla en su primer fin de semana en las salas de cine. Una estrategia que parece pasar más por explotar una fórmula de potencial millonario que por satisfacer la lealtad de los seguidores iniciales, de esos que creyeron en la Fuerza cuando todavía no era un éxito comercial, de esos que fían su instinto al contenido, no a las ganancias. Un subproducto de una idea que, pese a los años y a la escasez de medios de entonces, sigue vigente en la actualidad. Más de lo que, probablemente, estén las películas de la trilogía de secuelas en un futuro.

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