Si es con princesa, a Disney le va mucho mejor

La compañía recibe frecuentes ataques por su confección de personajes femeninos, pero las películas con ellas venden más entradas y reciben mejores críticas

Arriba: Blancanieves, Vaiana, Elsa y Rapunzel. Abajo: Bella, Aurora, Cenicienta y Ariel
Arriba: Blancanieves, Vaiana, Elsa y Rapunzel. Abajo: Bella, Aurora, Cenicienta y Ariel
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Vaiana, la protagonista de la última película de animación de Disney, «Vaiana», ahora en cartelera, se enfada en la cinta cuando la tachan de «princesa». Ella no quiere ser una princesa (aunque lo sea, puesto que es la heredera de la jefatura de la tribu). El diálogo encierra un rechazo formal a la etiqueta de «princesa Disney», atacada desde ámbitos feministas, pero muy rentable para la compañía tanto en recaudación en taquilla como valoración entre la crítica especializada.

La década pasada, Disney rehuyó de las princesas y los efectos se notaron en taquilla. Entre «Mulán» (1998) y «Tiana y el sapo» (2009), no hubo ningún clásico de animación con princesa oficial, y la recaudación media por cinta fue de 87 millones de dólares en Estados Unidos, una vez ajustada la inflación a valores de 2016, según el cálculo a partir de los datos recogidos por The Numbers. La nota media fue de 6,6, según las valoraciones en IMDb, la mayor base de datos cinematográfica. Desde «Tiana y el sapo» hasta hoy, ha habido cuatro cintas con princesas y otras tantas sin ellas. La recaudación media ha sido 195 millones de dólares en EE.UU., y 7,7 de nota, con el top para princesas, tanto en recaudación («Frozen», 400 millones en EE.UU.) como en valoración («Vaiana», 8,2).

Las princesas Disney son una franquicia dentro de la serie de clásicos de animación de la compañía. Creada a finales de los noventa como campaña de márketing, han sido objeto de acusaciones por perpetuar el estereotipo de «damisela en apuros», de ofrecer un ideal de belleza de «excesiva delgadez» a edades muy tempranas, y de relacionar la belleza física con valores positivos, como la heroicidad y la bondad.

Oficialmente, las princesas Disney son Blancanieves, Cenicienta, Aurora La bella durmiente»), Ariel La sirenita»), Bella La bella y la bestia»), Jasmine Aladdín»), Pocahontas, Mulan, Tiana Tiana y el sapo»), Mérida Brave»), Rapunzel Enredados»). Elsa y Anna, de «Frozen» y Vaiana están llamadas a pertenecer a la colección. A excepción de «Brave», creada por Pixar, todas forman parte de la serie animada de listada como «clásicos Disney».

A pesar de las críticas, la fórmula es muy rentable para Disney. Los clásicos de animación con estas princesas tienen una recaudación media de 300 millones de dólares solo en Estados Unidos, una vez ajustada la inflación a valores de 2016. Las películas sin ellas, poco más de la mitad, 161 millones. El clásico Disney con mayor éxito en taquilla de toda la historia fue «Blancanieves y los siete enanitos», el primero, de 1937.

Mejores críticas

No es solo una cuestión de taquilla, sino de crítica. Cuando están ellas en pantalla, la puntuación media de los clásicos Disney es de 7,6 sobre 10 en IMDb. Sin ellas, las películas de animación tienen una nota media de 7. La cinta mejor valorada, no obstante, es una con princesa, aunque no de la franquicia oficial, Nala, la leona de «El rey león».

Los animales antropomorfos protagonizan exáctamente la mitad de las colección de clásicos Disney, 29 películas de las 58 que componen la lista. La última, el año pasado, «Zootrópolis», con protagonista femenino distanciada del estereotipo de «damisela en apuros». Un cliché del que también trata de huir Vaiana, una chica de acción, protagonista de la aventura; como en parte hace «Frozen», el último gran éxito de los clásicos Disney, donde ellas son las que mandan. Aunque ese distanciamiento de fondo no es tanto de la estética: todas las heroínas de la compañía tiene ojos exageradamente grandes, una edad similar, rasgos faciales infantiles y, sobre todo, son siempre bellas y con ademanes deliciosos.

El jefe de animación de «Frozen» se lamentaba de que las dos «princesas Disney» que protagonizan la película se parecen tanto físicamente que los dibujantes sudaron para conseguir que se vieran diferentes. La codirectora de «Brave», Brenda Chapman, montó en cólera cuando su protagonista, la valiente Mérida, sufrió un proceso de sexualización (una cintura más fina, pecho prominente...) para terminar convertida en una linda mocita y poder formar así parte de la colección de princesas Disney. Una colección que, a pesar de las críticas, resulta muy rentable a la compañía.

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