«Selma» o cómo Hollywood vio el sueño y la muerte de Martin Luther King

La directora Ava DuVernay fue la encargada de saldar la deuda histórica con el defensor de los derechos de los afroamericanos

Fotograma de «Selma», protagonizada por David Oyelowo (segundo por la derecha)
Fotograma de «Selma», protagonizada por David Oyelowo (segundo por la derecha) - ABC
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Hoy se cumplen 49 años del asesinato de Martin Luther King y por eso en ABC Play hemos querido volver a hablar sobre el biopic que Hollywood creó para él. Fue una maraña difícil de desentrañar. Desde las disputas de los herederos del premio Nobel a la imposibilidad de reproducir sus discursos –cuyos derechos están en poder de Steven Spielberg–, el proyecto suponía un vía crucis que pocos directores estaban dispuestos a afrontar. Nombres como Michael Mann, Stephen Frears, Paul Haggis, Spike Lee o Lee Daniels fracasaron en su intento de llevar a la pantalla el libreto de «Selma», que narra la movilización pacífica de 1965 desde esta localidad hasta Montgomery, aduciendo diferentes causas.

Pero la mujer que finalmente tomó la batuta, maneja otras teorías: «Mira, el verdadero motivo no fue el problema con sus discursos ni el tema de los herederos. No se había hecho porque, simplemente, hacer una película con un protagonista negro no está en la lista de prioridades de ningún estudio» explicaba Ava DuVernay. «La película acabó en mis manos porque David Oyelowo me recomendó», dice, en referencia al protagonista de la cinta. «Fue casi como que me pidieran hablar de Jesucristo, porque para mí, como mujer negra consciente de la historia, si no hubiera existido King no podría estar aquí hablando tranquilamente con un blanco. Estaría sirviéndote la bebida», subraya.

Y aunque reconoce que desde la llegada de Barack Obama la filmografía sobre asuntos raciales ha vivido una etapa dorada, continúa recelosa: «Hay más películas, no es coincidencia. Pero no olvidemos que muchas están producidas y dirigidas por blancos, y se apoyan en el mesías blanco», explicaba. Un asunto que parece obsesionar a DuVernay, cuya visión del presidente Lyndon B. Johnson ha levantado algo de polvareda.

«No es mi visión. Fue así como sucedieron las cosas, y así lo rodé. No fue ningún salvador, pretendía dejar para el siguiente la aprobación de una ley que reconocía el derecho a voto de los negros y si acabó haciéndolo fue por la presión de King», dice vehemente. «Esto es muy revelador: hablamos de la lucha de los derechos civiles de los afroamericanos y para muchos lo realmente polémico es cómo aparece retratado un blanco», reflexionaba.

Al margen de la larga lista de agravios –«Ya sabía que no sería la primera mujer negra en ser nominada a los Oscar como directora», decía DuVernay– el balance de la directora es optimista: «Creo que ha acabado con una injusticia histórica, narrando unos hechos que era importante que el cine tuviera presentes, porque no es un tópico que nuestra lucha no ha acabado», decía, apuntando a los sucesos de Ferguson el pasado año y coincidentes con el fin del rodaje. «No imaginé que habría tantas conexiones con la realidad, y eso demostró que nuestro pan de cada día sigue siendo el mismo, que muchos jóvenes negros han muerto desde siempre en circunstancias parecidas», explica.

«No es un problema negro, sino humano»

Una teoría que secunda el protagonista, David Oyelowo, para quien la cinta «es algo fundamental y no solo para los afroamericanos. Solo tienes que ver la actualidad en Francia o en otro lugar, la lucha racial es algo que afecta al mundo. No es un problema negro, es un problema humano», aduce. «He vivido como negro en diferentes partes del mundo, en Reino Unido, EEUU y Nigeria; por eso entiendo lo que supone la desigualdad, porque he podido sentir lo que es ser parte de una minoría o de una mayoría; por eso ha sido enriquecedor interpretar a alguien que es responsable de lo que somos ahora», explica.

Aún así, Oyelowo lamenta que en ocasiones el rodaje y la producción de «Selma» se hayan enfrentado a tantas cortapisas: «Costó mucho rodarla, porque de alguna manera sigue presente eso de que las películas de negros no viajan, de que Europa no iba a querer ver 'otra película de negros», explica. DuVernay concluye conciliadora, felicitándose por el Oscar que logró la canción «Glory», tema central de la cinta: «En cierto modo la música tiene ese poder de permanecer que a veces no tienen las películas», apunta.

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