«Thi Mai, rumbo a Vietnam»: Carmen Machi quiere ser la nueva «abuela coraje»

La popular actriz encabeza al elenco femenino de esta comedia plagada de sentimentalismo

En «Thi Mai, rumbo a Vietnam» Carmen Machi, Adriana Ozores y Aitana Sánchez-Gijón van al sudeste asiático a cumplir el sueño de la hija de Carmen
En «Thi Mai, rumbo a Vietnam» Carmen Machi, Adriana Ozores y Aitana Sánchez-Gijón van al sudeste asiático a cumplir el sueño de la hija de Carmen
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En estos tiempos de reivindicaciones en el cine, una de las más certeras es la falta de papeles para mujeres maduras. «Thi Mai, rumbo a Vietnam» rema contra corriente con tres personajes femeninos protagonistas, Carmen Machi, Aitana Sánchez-Gijón y Adriana Ozores, tres arquetipos de mujeres muy diferentes: una vive a la sombra de su marido, otra ha renunciado a su vida familiar para hacer carrera en la banca y la tercera, el personaje de Machi, ha conseguido un equilibrio en apariencia perfecto. Vidas normales, reconocibles en cualquier bloque de vecinos, hasta que la de Carmen se rompe tras la muerte de su hija justo en el momento en el que le habían aprobado la adopción de una niña vietnamita.

Ahí comienza la aventura de tres mujeres que nunca habían salido de España, un viaje de amigas que acompañan a una abuela que quiere recuperar a esa nieta que ya siente como suya. Pese al trasfondo dramático, la película es toda una comedia en la forma y en el tono, Dani Rovira mediante, un joven que viaja por su cuenta a Vietnam para casarse con su novio y abrochar su relación a distancia. Sin embargo, la película alcanza el mejor nivel cuando Carmen Machi se pone seria en un par de escenas de elevado peso dramático donde la intérprete recuerda más a la del teatro que a la de la serie que la hizo popular.

Buena parte de culpa la tiene la directora, Patricia Ferreira, y la guionista, Marta Sánchez, que concibieron esta comedia con un tema tan delicado, emocional y complejo como el de la adopción, al que además añadieron el sentimiento de pérdida. «Quería que fuera un tobogán de emociones, pasar de la risa al drama en eso que ahora llaman “dramedia”», explica la directora, que cuenta en su haber con títulos como «Los niños salvajes» y «El alquimista impaciente».

Por su parte, Aitana Sánchez-Gijón, a cuyo personaje le cortan una exitosa carrera como banquera a los cincuenta años, quiere reivindicar con su papel la figura de las mujeres maduras: «Es matemático, yo a los 35 años pasé de ser la chica de la película a ser la madre de la chica de la película, con casos como en la serie "Los ochenta", que me pusieron una hija de 27 y yo con 35... Con eso de que yo podía aparentar cuarenta y ella veinte... Y en la vida real mi hija acababa de cumplir los tres meses», denuncia la actriz. «En el teatro no pasa esto, allí, a medida que pasa el tiempo, me han ofrecido personajes más complejos, más ricos y profundos».

«El cine es un reflejo de la sociedad, una manifestación de cómo se estructura, y es una estructura mental de sociedad atrasada», concluye la actriz sobre el asunto del acoso sexual que tando dio que hablar en los Globos de Oro. «Parece que por mucho decirlo la gente se aburre, pero yo y otras tantas actrices llevamos años denunciándolo, lo que pasa que hasta ahora no parecía hacerse mucho caso», defiende la actriz sobre un tema que, «como el 90 por ciento de las mujeres», ha experimentado en su día a día.

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