Prohibido reírse: El humor amenazado por la censura y la corrección política

Un documental repasa la historia del humorismo gráfico desde la Transición y las restricciones a las que se ha visto sometido

José Luis Martín Zabala fue uno de los fundadores de la revista humorística El Jueves
José Luis Martín Zabala fue uno de los fundadores de la revista humorística El Jueves
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El humor es un extraordinario disolvente de fanatismos. La intransigencia es, antes que nada, intransigencia con los que se ríen de algo. Cabe recordar el atentado islamista en enero de 2015 contra la revista humorística francesa Charlie Hebdo, en el que doce personas fueron asesinadas por caricaturizar a Mahoma. Unos años antes, en 2006, un periódico danés publicó una serie de dibujos del profeta desencadenaron una violenta ola de protestas en países árabes que se cobró diez muertos. La carcajada es un sano ejercicio para prevenir la necrosis del pensamiento y la instauración de dogmatismos.

Fernando Muñoz y Fede Carrillo han explorado en el recién estrenado documental «Libertad de impresión» el momento que atraviesa el humorismo en nuestro país a través de conversaciones con figuras como el actor Leo Bassi, el artista Eugenio Merino o el exfiscal del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín. En palabras de Darío Adanti, dibujante, fundador de la revista satírica Mongolia y uno de los entrevistados en la película, el humor cumple en una sociedad el mismo papel que los canarios en las minas: medir cómo de oxigenado está el aire y si se puede respirar sin riesgo de asfixia.

Bajo esta premisa, el documental repasa brevemente la historia del humorismo, principalmente gráfico, desde la Transición hasta nuestros días y algunos de los casos de ataques, censura y procesos judiciales contra dibujantes y viñetistas. Es innegable la ampliación de la libertad para bromear de treinta años para acá. Aún después de la muerte de Franco se respiraba en España un clima de prohibición e intolerancia, cuando persistían figuras como la del fiscal de prensa, un censor en la práctica, y era común secuestrar números de revistas humorísticas. El episodio más negro de aquellos años fue el bombazo en la redacción de El Papus, reivindicado por el grupo ultra «Alianza Apostólica Anticomunista» como venganza por las mordaces historietas publicadas en la revista.

A pesar de los avances, los últimos años han sido difíciles en España para los humoristas. Hace poco más de un mes, un grupo de cómicos hizo público el manifiesto «Humor amenazado», en el que se denunciaba el progresivo encogimiento de los márgenes de libertad para hacer chistes. El exmagistrado Martín Pallín expresa en el documental su perplejidad con muchas de las sentencias que han llevado a humoristas a pagar cuantiosas multas e incluso a afrontar penas de cárcel: «No creo que en una democracia nadie tenga poder para decidir qué deben conocer el resto de los ciudadanos, esa esa una concepción muy autoritaria. Los humoristas deben de tener un ámbito de interpretación y de comprensión mucho más amplio».

Pero no solo de los juzgados vienen las restricciones contra la libertad de carcajada. La propia sociedad ha ido volviéndose más y más susceptible a «sentirse ofendida» por chistes o viñetas satíricas. Eugenio Merino, el artista denunciado por la Fundación Francisco y vetado en la feria de ARCO por meter una escultura del dictador en una nevera de Coca-Cola, tiene claro que, para él, «el humor tiene que mezclarse con algo serio, si no para mí no es humor. El nivel de lo políticamente correcto es muy bajo, y cualquier cosa se considera incorrecta». José Luis Martín Zabala, uno de los fundadores de El Jueves, la revista humorística más veterana de España, puntualiza que «en este país tenemos un gran sentido del humorsiempre y cuando no nos afecte a nosotros».

Envueltos en el soniquete constante de «los límites del humor», el documental reivindica la independencia de los humoristas, que precisa de una sociedad madura capaz de aceptar y respetar la divergencia y la pluralidad de opiniones. Adanti lo resume a la perfección: «Los límites del humor son los mismos que los de cualquier otro producto: cuando te lo dejan de comprar».

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