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El pódium de la filmografía de Milos Forman

«Alguien voló sobre el nido del cuco», «Amadeus» y «Ragtime» son tres grandes obras que lo señalan como un director clave del cine americano de finales del pasado siglo

Jack Nicholson, protagonista de «Alguien voló sobre el nido del cuco» - ABC | Vídeo: Muere el director Milos Forman, ganador del Oscar en dos ocasiones (EUROPA PRESS)
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«Alguien voló sobre el nido del cuco»: locura

Jack Nicholson, protagonista de «Alguien voló sobre el nido del cuco»
Jack Nicholson, protagonista de «Alguien voló sobre el nido del cuco» - ABC

En su primera gran película americana, el checo Milos Forman no revolucionó el lenguaje del cine, pero modeló con enorme éxito y acierto algunas cosas ya inventadas, como envolver lo trágico con un manto de comedia y la locura ambiental con un trapo digno y limpio sobre el individuo. También convierte, y eso es casi un invento, lo negativo en positivo (a un indeseable, un psicótico, en alguien y en protagonista). La historia de ese excluido social y mental Randie McMurphy, que interpreta un Nicholson que aún no sabía que era el gran Nicholson, y la convivencia con el grupo de chalados en un hospital psiquiátrico comandado por la temible enfermera Ratched (Louis Fletcher extraída como una muela del cine de terror) consiguieron un zumo difícilmente mezclable, la radicalidad y el sentimentalismo, de tal modo que se lo bebió de un trago la Academia y le otorgó eso que rara vez otorga, los cinco Oscar grandes, película, director, guion, actor y actriz. Es evidente que esta película de Forman resultaría hoy insoportable, una bala de plata en el corazón de la corrección política.

«Amadeus»: envidia

Una escena de «Amadeus»
Una escena de «Amadeus» - ABC

Con guion del propio Peter Shaffer (autor de la obra), Milos Forman se adentra aquí en un terreno tan mal explorado como habitual en el paisaje: el hilo de la admiración artística, la insoportable envidia, la angustia de un talento limitado ante el reconocimiento del genio y la necesidad de destruirlo. El gran personaje de Salieri le presta los ojos y el sentimiento a la cámara de Forman para construir una biografía jugosa de la figura de Wolfang Amadeus Mozart, una mirada furiosa hacia él y hacia sí mismo, el pecado y la penitencia en una sola toma. Hay momentos en los que Forman captura la esencia de la creatividad, de lo genial, de ese misterio de lo grandioso visto en los ojos celosos y maravillados de lo pequeño (un Mozart muriéndose con las notas del «Requiem» en la boca ante un Salieri espantado ante la corpulencia y majestad de su música). Un duelo artístico magistral que obtuvo su paradoja en los Oscar, porque F. Murray Abraham consiguió que su Salieri le ganara el premio de interpretación al Mozart risueño, infantil y también magnífico de Tom Hulce.

«Ragtime»: rabia

Milos Forman, en el rodaje de «Ragtime»
Milos Forman, en el rodaje de «Ragtime» - ABC

El homenaje de Milos Forman a esa música tan negra, alegre y americana que se sugiere en el título encierra una radicalidad extrema en su recorrido argumental porque doblega (como en «Alguien voló sobre el nido del cuco») las líneas de la comedia y la tragedia hasta fundirlas por completo. Es una historia muy empapada de su época, tanto de los años ochenta en que se filmó como del principio del siglo XX, durante la presidencia de Roosevelt, en que transcurre, en un Nueva York apasionado, cambiante, racista y con un sentido de la justicia desesperante y que convierte el desarrollo del relato en un revolucionario canto a la sublevación, especialmente en lo íntimo del espectador, que asiste perplejo a ese choque cruzado de los distintos hilos narrativos. El joven pianista negro víctima de un atentado (a su honor) racista y su obsesiva y justa lucha por obtener una recompensa le permiten a Forman anteponer un espejo cóncavo a su cámara sobre la cantidad de fuerza que hay que poner en la defensa de las luchas sociales, raciales y morales. Una anécdota elevada a la potencia de lo revolucionario.

El estilo Forman

Una escena de «Hair»
Una escena de «Hair» - ABC

El cine americano pierde a uno de sus últimos directores europeos de esa magnífica segunda generación de «llegados» a empujones de la Historia, procedentes de esa Centroeuropa premiada por la expansión soviética. La primera generación, la que inventó Hollywood, había «llegado» unos años antes por la expansión del nazismo. Milos Forman ya había hecho una película checa de éxito, «Los amores de una rubia», en tono de comedia, pero supo amoldar su estilo a su nuevo país y su gigantesca industria cinematográfica. Además de esos tres títulos que son el pódium de su filmografía, Forman tiene otros que lo señalan como un director clave del cine americano de finales del pasado siglo. Y en la distancia que existe entre dos de ellos, «Hair» y «Valmont», se pueden intuir todas las cualidades de un «llegado» que vino para quedarse en el sentido más amplio y eterno de la palabra. «Hair», un musical sesentero, antibélico y libertario, y «Valmont», una adaptación de la retorcida novela de Choderlos de Laclos que, además, ya había bordado solo un año antes Stephen Frears («Las amistades peligrosas»), pero que le aporta una nueva brillantez y otro sentido del humor y de la estética.