Muere a los 73 años Jonathan Demme, director de «El silencio de los corderos»

El cineasta, que ganó el Oscar a mejor dirección en 1991 por la película protagonizada por Anthony Hopkins, ha fallecido tras padecer un cáncer de esófago

Jonathan Demme, en una imagen de 2008, año en el que fue presidente del jurado de la 56 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián
Jonathan Demme, en una imagen de 2008, año en el que fue presidente del jurado de la 56 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián - EFE
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

En 1991, medio planeta descubría que se puede pasar verdadero pavor frente a una pantalla de cine con tan solo escuchar a Anthony Hopkins susurrar el nombre de Clarice. Y aunque el actor será siempre el nombre más recordado de «El silencio de los corderos», su director, Jonathan Demme, logró con aquella obra magistral consolidarse como cineasta imprescindible en la meca de Hollywood. Antes había realizado un buen puñado de películas, entre ellas algunas destacadas como «Algo salvaje» (1986) o «Casada con todos» (1988), pero fue aquella incursión en el mundo del suspense lo que le permitió ganar su primer y único Oscar. Ayer, la familia informaba del fallecimiento del cineasta, que a sus 73 años no pudo superar un cáncer de esófago que agravó otras dolencias cardíacas que padecía. Una enfermedad que arrastraba desde 2010 y que en 2015 le provocó una nueva recaída que no le impidió terminar sus proyectos.

Aunque el nombre de Jonathan Demme quedará para la historia ligado a «El silencio de los corderos» (fue la tercera cinta de la historia en lograr el «big five»: Oscar a mejor película, director, actor (Hopkins), actriz (Jodie Foster) y guión), su vastísima filmografía le invocará como un cineasta de amplio registro, capaz de rodar desde una obra culmen del terror a un drama intimista con el sida como disparador («Philadelphia», 1993), un drama histórico («Beloved», 1998), thrillers de intriga («La verdad sobre Charlie», 2002) e incluso comedias («Ricki», 2015). Su final cinematográfico fue más mundano, con un documental de la gira de Justin Timberlake de 2016 que, pese a todo, fue bastante aplaudido por la crítica estadounidense.

Como otros tantos directores y guionistas de prestigio, durante los últimos años decidió volcar su talento hacia donde estaba el dinero y el reconocimiento: las series de televisión. Ahí realizó trabajos en «The Killing», «En cuerpo y alma» o «Iluminada». También dio rienda suelta a su vena como documentalista. Su trabajo más destacado fue «Stop Making Sense», sobre Talking Heads, además de otras tres obras centradas en la figura de su buen amigo Neil Young.

Fue su alma de autor bajo la coraza de estrella de Hollywood lo que le hizo ser un habitual en festivales internacionales como Venecia, Cannes o Berlín

«Dominó el thriller, la comedia, el documental musical, siempre de manera personal», escribía ayer en su perfil de Twitter el director J.A. Bayona. Y es que la versatilidad y el control de los códigos de los géneros desde una mirada propia definían al cineasta neoyorquino. Fue este alma de autor bajo la coraza de estrella de Hollywood lo que le hizo ser un habitual en festivales internacionales como

Venecia, Cannes o Berlín

(donde ganó el Oso de Plata a mejor director, también en 1991). Su relación con España y nuestro cine fue significativa. En 2008 fue presidente del jurado del

Festival de San Sebastián

. Ahí dijo en una entrevista con «El Correo» que estaba cansado del estrés de Hollywood. «

Ya no disfruto haciendo películas de ficción

».

Director, guionista y productor, se mantuvo siempre alejado de las cámaras de otros, esto es, de los paparazzi que pueblan Hollywood. Jamás llamó la atención con su vida privada pese a casarse primero con la actriz Evelyn Purcell y, tras divorciarse, pasar de nuevo por el altar con la también artista Joanne Howard, con la que tuvo tres hijos.

comentarios