Matadero, la película que descubre los peores secretos que ocultan las fábricas de carne

El documental fue grabado clandestinamente en 58 mataderos mexicanos

Una escena del documental «Matadero: Lo que la industria cárnica»
Una escena del documental «Matadero: Lo que la industria cárnica» - MATADERO
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

«Matadero» es una película que aspira a que el espectador, al terminarla, se diga que hubiese preferido no verla. El propósito es loable en una época en la que el espectador se acerca al cine a que le masajeen su buena conciencia y le eviten incomodidades. Sus menos de cuarenta minutos son una secuencia de imágenes en bruto, sin paños calientes, grabadas clandestinamente entre 2015 y 2017 en 58 mataderos de diez estados mexicanos. No hay montaje, no hay hilo narrativo ni voluntad artística, por más que algunas escenas procuren turbadoras experiencias estéticas, como lo es oír rancheras mexicanas en la radio de un trabajador del matadero mientras una máquina degüella decenas de pollos en cadena. La mano del director, que prefiere mantenerse en el anonimato para poder seguir infiltrándose en mataderos, sólo se advierte en los cuatro apartados en los que se divide la obra: pollos, cerdos, caballos y vacas.

El documental no trata de ocultar su orientación activista, y ya el mismo título es bastante elocuente: «Matadero: Lo que la industria cárnica esconde». El propósito de la obra es exponer las implicaciones de uno de nuestros hábitos más arraigados como consentidos ciudadanos del mundo desarrollado: el consumo masivo de carne. El documental da varios datos y desmiente algunos de nuestros tranquilizadores autoengaños. Por ejemplo, que 62.000 millones de pollos son sacrificados cada año para consumo humano y que no es cierto que los mataderos garanticen una muerte indolora a los animales. De todos modos el autor de la película, firmada bajo el nombre de «Tras los muros», no cree que pueda existir «una matanza humanitaria».

En un mundo como el nuestro, de una complejidad abrumadora que vuelve imposible saber en qué condiciones se ha extraído el coltán de nuestro teléfono móvil ni cómo se ha cosido nuestra ropa, documentales como «Matadero» contribuyen a esclarecer cuál es el precio a pagar por nuestro estilo de vida. El filósofo Theodor Adorno, adscrito a la Escuela de Frankfurt y agudo crítico de la modernidad depredadora, dijo en una ocasión que «Auschwitz empieza cada vez que alguien pasa por un matadero y piensa “son sólo animales”». La cinta, que no escatima en explicitud, obliga al espectador a plantearse si es admisible todo lo que está viendo y, peor aún, cuál es su grado de responsabilidad en todo ello.

«Matadero» es la más ambiciosa investigación publicada hasta la fecha sobre las condiciones de vida de los animales sometidos al régimen de la ganadería extensiva, y es solamente uno de los proyectos de «Tras los muros». Además del documental, el investigador ha elaborado un exhaustivo informe sobre el trato dispensado a los animales desde el transporte al matadero (hacinados en camiones y sometidos a un gran estrés) hasta que se les da muerte. Le preocupa al director que el espectador piense que se trata de algo exclusivo de México y por eso se molesta en recalcar, al final de la película, que no es así: los créditos recogen casos similares registrados en EE.UU, Gran Bretaña, Bélgica, Francia, Australia y España.

El documental fija la atención sobre uno de los «daños colaterales» más graves que comportan nuestros hábitos de consumo y llama a la reflexión sobre nuestra forma de relacionarnos con los animales. Un ejercicio saludable, aunque el espectador acabe lamentando haber visto la película cuando le pongan un chuletón en el plato.

comentarios