OPINIÓN

Legítimo derecho a decidir

España promociona el cine y la cultura catalana cómo y cuando tiene ocasión

Fotograma de «Verano 1993», la película que representará a España en los Oscar
Fotograma de «Verano 1993», la película que representará a España en los Oscar
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De las tres obras preseleccionadas, la Academia de Cine ha elegido la más incómoda para que represente a España en los próximos Oscar de Hollywood. Incómoda para el espectador, pues su directora, Carla Simón, lo traslada a ese lugar terrible en el que una niña de seis años pierde a sus padres y ha de acomodar su inexplicable existencia a su nueva familia; e incómoda para todo ese «matrix» catalán que riega de lágrimas una tierra abandonada y una cultura menospreciada por España.

«Verano 1993» no solo es una película catalana, sino que además es una película en catalán: a ganar el Oscar a la mejor película en lengua extranjera, España acude con una película en lengua catalana. Y la Academia de Cine la ha elegido, con toda seguridad, por la enorme corriente de sentimientos que provoca la crónica de esos días veraniegos de la niña protagonista, y por la gran cantidad de sutileza y buen cine con el que Carla Simón cuenta su historia (la de ella misma, pues tiene mucho de confesión autobiográfica), pero no me dirán que, dadas las circunstancias, no es una elección que desbarata aun sin pretenderlo todo el caudal de idioteces sobre el pequeño país oprimido y la propia cultura relegada.

Y para elegir a «Verano 1993», la Academia de Cine Española ha tenido que apartar a una película como «1898. Los últimos de Filipinas», de Salvador Calvo, un buen ejercicio cinematográfico sobre un viejo capítulo esencial de la historia de la España colonial, y también a la excelente «Abracadabra», de Pablo Berger, una inclasificable exploración de la mota de caspa en el alma de lo español. No deberíamos sacar ninguna conclusión política de este hecho natural (la Academia ha elegido el título que le parece mejor o más adecuado para que represente a España), pero tampoco habría que menospreciar el valor cinematográfico o cultural que tiene ese hecho: España promociona el cine y la cultura catalana cómo y cuando tiene ocasión. «Verano 1993» explora en la incapacidad de una niña para entender su historia, distorsionada por la tragedia, y para adaptarse a la realidad de su presente, lo que sugiere una suerte de metáfora sobre la confusión nacional catalanista.

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