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«El jugador de ajedrez», un peón español en medio de la Segunda Guerra Mundial

El director Luis Olivares lleva a la gran pantalla al ajedrecista de la novela de Julio Castedo

EL equipo de «El jugador de ajedrez»
EL equipo de «El jugador de ajedrez» - FRANCIS SILVA
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Hay dos formas de enfrentarse a una película basada en una novela: intentar plasmar lo que la mayoría de los lectores percibieron cuando la leyeron o dejar que la historia tome vida propia tras las cámaras. El director de «El jugador de ajedrez», Luis Oliveros, escogió la segunda opición: «Los lenguajes que se utlizan en la literatura y en el cine son totalmente distintos».

El primer día de rodaje no llegó con un puñado de libros para repartirlos entre el equipo. «Prefería que cada actor creara su personaje a raíz del guión, sin tener los prejuicios que pudiera sacar de la novela porque cada uno saca una idea diferente cuando lee: un aspecto, una voz... pero en el cine, el aspecto te lo da el actor», comentaba el director a ABC. Sin embargo, no teme a enfrentarse a los lectores de la novela: «Les invito a que vengan a ver la evolución de la historia». Por suerte, ha contado con el escritor Julio Castedo para crear el guión.

«La historia nos ha llevado a rodar en Budapest», relataba con una sonrisa Marc Clotet. La historia nos traslada hasta 1934. En plena Segunda Guerra Mundial, Diego Padilla (Clotet) ganaba el campeonato de España de ajedrez y, tras el torneo, conoce a una periodista francesa, Marianne Latour, de la cual se enamora. Pasados los años Marianne convence a Diego para que junto con la hija de ambos se vayan a vivir a Francia, donde poco tiempo después Diego será acusado de espía por los nazis y encerrado en una prisión de las SS. «Ha sido una gran experiencia rodar en el extranjero, aunque estuviese casi siempre lloviendo», comentaba. «Y cuando no llovía rodábamos en la cárcel», puntualizaba Milena Matthews.

«El jugador de ajedrez» reluce por ser (o al menos esa ha sido la intención de su director) una película verosímil. «Hay demasiadas películas basadas en la Segunda Guerra Mundial. La gente sabe lo que ocurrió, incluso tienen personas en su entorno que la han visto de cerca», reflexionaba Oliveros. Por ello, ha cuidado hasta el más mínimo detalle. Los uniformes, el contexto o la música son algunos de los ejemplos. «He estado con profesionales del ajedrez para aprender como se mueven, como actuan. No es lo mismo jugar con mi abuelo que intentar parecer un profesional», decía Clotet. Por no hablar de los 10 kilos que el actor tuvo que perder. Olivares fue algo más insistente con Matthews. «Los primeros días no paraba de corregirme la postura», recordaba con cariño. «Las mujeres de los años 30 no se mueven igual que lo hacemos ahora. Mi abuela se sentó conmigo para enseñarme cómo se sentaban, cómo fumaban, cómo hablaban...», añadía.

En la prisión, Diego intentará sobrevivir en un entorno hostil gracias a la afición al ajedrez del coronel Maier, el oficial al mando, un hombre hierático, hedonista e imprevisible. Las condiciones del rodaje, al igual que la trama, fueron complicadas. «El clima, sumado a estar todos fuera de casa, hicieron que tuviesemos la sensación de estar en un campamento», contaba el protagonista. «Eso transformó al equipo de rodaje en una familia», aseguraba mientras nacía una sonrisa al ver a la pequeña que interpreta a su hija en la ficción.

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