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Festival de Cine de Málaga

Guillermo del Toro: «Después del Oscar, vuelvo a casa»

El cineasta mexicano visita el certamen para recibir un premio honorífico y analizar su carrera

Guillermo del Toro, durante su intervención en la masterclass en Málaga
Guillermo del Toro, durante su intervención en la masterclass en Málaga - EFE
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Hace poco más de un mes, Guillermo del Toro se subía al escenario del Dolby Theatre para recoger el Oscar a Mejor Director por «La forma del agua», el galardón que «alquímicamente le llegó más». «Miré delante y era como ver un catálogo de cine. Además, fue la primera vez que mi padre entendió mi oficio. El Oscar tiene algo físico, porque es muy bello pero pesa mucho, y cuando mi padre lo cogió, vi en su cara que por primera vez entendió algo. No sé qué cambió, pero su sonrisa… Así somos los hombres mexicanos, de pocas palabras», contó el cineasta en Málaga, donde ayer recogió un reconocimiento a toda su carrera.

Cuando uno escucha que un director gana un Oscar, se lo imagina celebrando el triunfo y aprovechando la expectación para emprender nuevos proyectos. Sin embargo, Del Toro ha hecho lo contrario. «Después del Oscar, toca volver a casa», dice sonriente el director. Primero fue a su Guadalajara natal, después viajó el Festival de Cine Fantástico de Bruselas -donde reconocieron a su primera película, «Cronos»-; y ayer fue el turno del Festival de Cine de Málaga. «Hablaban de que había visitado la Alhambra, pero no contaron que después me fui al Corte Inglés a comprar unos DVD», comentó entre risas mientras confesaba haberse llevado «Verano 1993», «El hombre de las mil caras» y una versión nueva de «La estanquera de Vallecas».

Amor por España

España está enamorada de Del Toro, y así lo demostraron con una ovación los malagueños que se acercaron a escucharle al Palacio de Ferias y Congresos. Pero el sentimiento es mutuo. Nuestro país no solo le ha producido algunas de sus mejores películas; a Del Toro también le cautiva la cultura, el cine y la gastronomía española. Y, por si fuese poco, fue un director nacional, Víctor Erice, uno de los primeros que le hizo amar este oficio. «Lo que yo sentí cuando vi “Frankenstein” es lo mismo que sintió Ana Torrent en “El espíritu de la colmena”. Para mí, fue como si alguien ajeno escribiera mi biografía y lo plasmara en una película; eso se siente familiar. Esto es una vuelta a casa».

Guillermo del Toro tiene previsto mantenerse alejado de la cámara durante un año. «Tengo muchos planes. Quiero hacer una película gigantesca, una rara y otra más rara aún. Pero lo dije incluso antes de estrenar “La forma del agua”, voy a tomarme un año sabático». Lo que se esconde detrás de esta reflexión es el miedo a cometer el mismo error que con «Las montañas de la locura», un proyecto en el que lleva trabajando una década, y que ya cometió con «La cumbre escarlata»: «Al hacerla por más de 40 millones, tenían que hacer mucha más taquilla y la disfrazaron de terror para llamar a la máxima cantidad de público posible, cuando realmente era un romance gótico».

Sin embargo, esta lección también es la misma que le ha ayudado a enfocar de la forma «correcta» en su última película, en la que contó con una cantidad de dinero similar a la que tuvo para rodar «El laberinto del fauno»: unos 15,7 millones de euros. «El presupuesto es un estado de ánimo, por eso hay que adaptarse a lo que te ofrecen para que puedan vender las cosas como son. Si compras una tostadora, pero dentro hay un bolso de Gucci vas a pensar “que tostadora más mala”. Esta vez les di hasta el cambio. Me sobraron unos 160.000 euros», aseguró.

«La forma del agua» supondrá un antes y un después en la carrera del director: «Ya he hecho diez películas. Ahora, tengo que hacer algo distinto. Por eso voy a hacer cosas que me dan miedo, voy a exponerme todo lo que pueda». El cineasta mexicano ha contado su vida a través de sus monstruos, y quiere seguir haciéndolo: «Para mí, el monstruo es el héroe. Me gusta verlo desde un punto de vista esperanzado», dijo antes de confesar que su monstruo favorito es el que ha interpretado Doug Jones en su último filme y que tardó tres años en hacer realidad.