Festival de Cannes «Okja», de Bong Joon-ho, hace historia e inaugura una era

A la polémica entre sala de cine y televisión le añade la de hortalizas versus hamburguesa cochina

El director surcoreano Bong Joon-ho posa junto a la actriz británica Tilda Swinton, la surcoreana Ahn Seo-Hyun y el actor estadounidense Jake Gyllenhaal durante la presentación gráfica de su película «Okja» en la 70 edición del Festival de Cannes
El director surcoreano Bong Joon-ho posa junto a la actriz británica Tilda Swinton, la surcoreana Ahn Seo-Hyun y el actor estadounidense Jake Gyllenhaal durante la presentación gráfica de su película «Okja» en la 70 edición del Festival de Cannes - EFE

La película del coreano Bong Joon-ho, «Okja», producida por Netflix para su consumo televisivo, se ha presentado este viernes a la Competición Oficial y por lo tanto inaugura ese punto de polémica en esta edición del festival: el privilegio de optar a la Palma de Oro y la imposibilidad de ser estrenada en salas comerciales.

La película de Bong Joon-ho ya contaba con un prejuicio inicial
Ya dijo el presidente del jurado, Pedro Almodóvar, que por él no se premiaría a ninguna película que no se estrenara en cine, con lo que la película de Bong Joon-ho ya contaba con un prejuicio inicial. Otro puntito de polémica. La proyección comenzó tarde (con respecto a la hora programada, porque nadie podrá considerar «tarde» las ocho y media de la mañana) porque el público para acceder a la sala tiene que atravesar unos controles férreos y en los que se incluyen todo tipo de «tocamientos», es decir que uno entra ya muy tocado al cine. Además, un fallo técnico, de formato de pantalla, obligó ante las protestas del público a interrumpir la proyección y recomenzar. Total, que afortunadamente salía pronto el monstruo de la película, llamado Okja, un cochino del tamaño de un hipopótamo que forma parte de los nuevos planes alimentarios de la Mirando Corporation, que dirige Tilda Swinton con tal derroche de tics, gestos y excesos que llenarán de gozo a sus numerosísimos seguidores. Pero, que conste, el protagonista es el cochino, con una interpretación más serena y ajustada, junto a la niña china que lo ha cuidado y engordado y que tiene una relación con él digna de estudio (Disney, por más señas).

Habría que ser un desalmado para zamparse un filete poco hecho después de ver la película
La historia es, digamos, «animalista», e incluye momentos cárnicos y alimentarios de lo más desagradables, con lo que cabe esperar que, al menos anoche, no se vendiera ni un solomillo en la Croisette. Había que ser un desalmado para zamparse un filete poco hecho después de ver la película. Parece ser que quedaba así inaugurada oficialmente la Era de Antes en Casa que en el Cine, aunque también podía verse otra misión inaugural en la película de Bong Joon-ho, que podría resumirse en un «tonto el último en hacerse vegano». Llena de acción, entretenimiento, sentimientos hacia esos benditos seres que nos alimentan y de reflexiones no molestas sobre el mundo que nos espera, en el mejor de los casos. Según y cómo se tome este «Okja», igual la justificada pretensión de Almodóvar de no premiarla encuentra fuerte oposición entre lo verde, ecológico y vegetariano del jurado.

Pues, a pesar de todo, la película rara de la jornada era la otra, «La luna de Júpiter», del húngaro Kornel Mundrucza, que arrancaba con tremendas imágenes de refugiados en el intento, trágico e infructuoso, de colarse en Hungría. Aunque luego disipa la mirada para concentrarse en la kafkiana peripecia de un médico sin demasiados escrúpulos y un inmigrante sirio herido que vuela, o flota, y en la persecución de la policía de este tipo raro que es, además, hijo de un carpintero. Como vuela como un globo de gas, obliga a la gente (al ciudadano de a pie, vaya) a mirar hacia arriba, y tal vez ahí este la lección de esta radiografía de Mundruczo de nuestro tiempo y lugar, en la necesidad de mirar hacia las alturas.

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