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El declive de la nueva «novia de América»

El fulgurante ascenso de Jennifer Lawrence en la galaxia hollywoodiense se ha visto frenado por su padrino en la industria y por sus siempre polémicas bromas

Jennifer Lawrence en «madre!» - / Vídeo: Jennifer Lawrence relata su experiencia más humillante
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Sigue siendo una de las actrices más demandadas y eclécticas del Hollywood actual, pero su fulgurante ascenso se ha visto frenado por el escándalo que ha salpicado a uno de sus padrinos en la industria y por sus siempre polémicas bromas.

Tras unas cuantos proyectos que apenas hicieron ruido, una desconocida Jennifer Lawrence sorprendió con una nominación a los Oscar cuando tenía 20 años por la película independiente «Winter's bone», de la siempre prometedora cantera del Festival de Sundance, y desde entonces su carrera no dejó de crecer. Además dee su irrupción, esta vez sin caída, había logrado otro hito: el de ser la segunda actriz más joven en optar a este prestigioso galardón.

Continuó alternando de forma inteligente proyectos independientes, blockbusters y películas con potencial, ganando en presencia mediática y admiradores dentro y fuera de la meca del cine. Su papel de «Mística» en la nueva generación de los X-Men pero sobre todo su Katniss Everdeen en «Los juegos del hambre» hicieron el resto: convertida en heroína de esta generación, la actriz se transformó en J-Law, una estrella.

Lejos de rendirse al factor económico de proyectos rentables en taquilla, con algo de suerte y buen criterio revalorizó su carrera con películas como «El lado bueno de las cosas», que le dio su primer y único Oscar, «La gran estafa americana» o «Joy», convirtiéndose en la actriz fetiche del controvertido David O. Russell, y añadiendo a su palmarés otras dos nominaciones a los premios de la Academia y tres Globos de Oro.

Su carisma tras las cámaras, con su memorable caída en las escaleras del Dolby Theathre al recoger su estatuilla y su descarado comportamiento en las ceremonias, pidiendo una hamburguesa en lugar de un galardón o reventando fotografías, dispararon aún más la atención en una actriz que ya no solo era esa talentosa joven que convenció a sus padres para mudarse de Louisville a Nueva York, sino la «nueva novia de América», una desenfadada, mordaz y natural artista que representaba a la sociedad más que el resto de distantes astros de la galaxia hollywoodiense. Su presencia continuó creciendo; imagen de las campañas de Dior y convertida en un icono en las alfombras rojas, ya nadie se acordaba ni siquiera del vestido rojo que lució en su primera incursión en los Oscar.

Consiguió acercar (ligeramente) su salario, el de la intérprete femenina mejor pagada durante 2015 y 2016, al de la estratosférica recompensación de los actores, astillando la siempre polémica brecha salarial de la industria del cine. Pero compatibilizar su cotizada presencia en las secuelas de blockbusters con arriesgados filmes como «madre!», de Darren Aronofsky, no le libró del ojo del huracán. Su última broma viral, en la que le «reprocha» a Emma Stone haberla dejado tirada y a medio maquillar para una fiesta después de los Globos de Oro, ha salpicado la reputación de la actriz, a la que le reprochan no haber acudido a una gala histórica para reivindicar el papel de las mujeres en una industria patriarcal como Hollywood.

Más polémico es el reproche cuando algunos vinculan su ausencia en los premios de la Prensa Extranjera de Hollywood a su cercanía con pesos pesados de la meca del cine caídos en desgracia. El padrino de Lawrence en su meteórico ascenso, Harvey Weinstein, fue el detonante de un escándalo sexual que parece haber marcado un antes y un después en la industria, rompiendo el silencio cercenado durante décadas y despertando un movimiento social sin precedentes. El productor propulsó la carrera de la actriz con campañas tan intensas como agresivas, sin las que, probablemente y pese al talento, Lawrence no habría ganado un Oscar que muchos cuestionaron en su momento.

«No fuiste porque no te afectan las luchas o problemas de otras mujeres», escribió una usuaria en redes sociales. Otros, sin embargo, aludían a que todavía sigue lucrándose: «Todavía estás ganando dinero. Solo querías ir a las fiestas posteriores, pero esa noche era más que una fiesta, mocosa egoísta (...) Soy consciente de que Harvey Weinstein la hizo famosa al potenciar su victoria al Oscar por 'El lado bueno de las cosas', y soy consciente de que no ha dicho nada sobre el mérito del movimiento #TimesUp o #MeToo. Tiene una larga historia de no apoyar los derechos de las mujeres y también es grosera con sus fans», le amonestaban.

Su colaboración con Weinstein, uno de los hombres más poderosos de la industria hasta el estallido de su condición de depredador sexual bajo amenazas y abuso de poder, no ha sido la única que «ha manchado» el currículum de Jennifer Lawrence. Lo hacen también su firme silencio respecto a la actitud irascible de O. Russell, un director conocido por sus agresivas broncas con actores, o su colaboración con Bryan Singer, que a pesar de no iniciar la reinvención de la saga mutante sí la continuó. Sobre el responsable de «Sospechosos habituales», recientemente desvinculado de la producción de las series «The Gifted:» y «Legión» por acusaciones de acoso sexual vertidas (y negadas) contra él, ya planeaba una denuncia por haber violado a un menor en el pasado, antes incluso de que Lawrence decidiese, o le fuese impuesto por contrato, continuar a sus órdenes.

Y si bien es cierto que no es la única en la industria que ha aprovechado el viento a favor de un potente productor o un director reconocido hasta que se han visto obligados a rescindir su relación o han sido conscientes de sus denunciables ardides, ya se empiezan a proyectar sobre la actriz, que sí compartió una humillante experiencia en una audición, las consecuencias de no haber mostrado de forma explícita su compromiso con el movimiento Time's Up. De otra forma, nadie excavaría en su pasado ni buscaría las causas de cómo, al igual que tantos otros, consiguió lo que consiguió. La influencia de su gran presencia mediática parece haberle jugado una mala pasada, una que podría afectar a su futuro en la industria. Más cuando, además de reconocimientos de la crítica, su trabajo depende tanto del público. No solo por los espectadores, que podrían darle la espalda a sus películas, siempre rentables, en taquilla, sino también de los premios, favorables a seguir la tendencia comprometida de las reivindicaciones, de forma justificada a veces y no tanto otras. ¿El fin de la era J-Law o solo el de una inicio de su nueva transformación?