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La Berlinale busca una postura ante el #MeToo que no incomode

Hoy arranca la nueva edición del festival de cine, que preside el cineasta alemán Tom Tykwer

Imágenes de la venta de entradas del festival, que ha sacado más de 300.000 pases para 400 películas
Imágenes de la venta de entradas del festival, que ha sacado más de 300.000 pases para 400 películas - Berlinae
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Los más abnegados fans de la Berlinale hacen largas colas ya para comprar las entradas de la 68 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, que venderá en total más de 300.000 pases para 400 películas. Algunos de ellos incluso han dormido ante las taquillas para asegurarse el asiento deseado en el que sigue siendo el primer festival europeo en términos de público. Pero mientras los cinéfilos se afanan por conseguir una entrada, las preocupaciones de la dirección del festival versan sobre la cuidadosa búsqueda de una posición de equilibrio y profundidad al movimiento #MeeToo.

El debate que Hollywood ha lanzado a escala global, no es precisamente una novedad en Alemania. Hace ya cinco años, la asesora de medios Anne Wizorek creó el hanstag #Aufschrei, algo así como #Grito, conmovida por la denuncia de una reportera de la revista Stern, Laura Himmelreich, que relató en un artículo cómo el político del Partido Liberal (FDP) Reiner Brüderle había osado decirle en la barra de un bar de hotel que «podría llenar Dirndl», en referencia al escotado vestido típico bávaro, antes de sugerirle que «aceptase su tarjeta de baile». Ya entonces quedó clara la compleja línea divisoria entre el flirteo del piropo y el acoso, que desaconseja los simplismos. Por eso, aunque nadie duda del compromiso de la Berlinale con los derechos de la mujer, su director Dieter Kosslick no llevará una rosa blanca en la solapa.

«Este debate va a dejar seguramente una gran impronta en el festival y nosotros también queremos profundizar en él. Tenemos previstos numerosos eventos sobre diversidad. No se trata solo de acoso sexual, se trata de la discriminación en general, queremos ocuparnos de ello de forma ofensiva. Además, celebramos iniciativas como Pro Quote Film, que buscan una mayor presencia femenina en el cine, y apoyamos también el proyecto «Speak Out», de Daniela Elstner, directora de una empresa francesa que ha puesto en marcha una web y una línea de atención telefónica para ofrecer ayuda contra el acoso sexual en el sector cinematográfico. Pero respecto a la rosa blanca, creo que los símbolos son buenos, pero nosotros lo que queremos es probar a iniciar un debate serio de contenidos. El tema es tan complicado y tiene tantas vertientes que debe ser abordado de manera diferenciada», ha justificado.

La directiva se enfrenta a presiones de seguidoras del movimiento #MeToo, como la actriz alemana Claudia Eisinger, que ha pedido a Kosslick y al presidente del jurado, Tom Tykwer, teñir de negro la alfombra roja en solidaridad con las mujeres víctimas de algún tipo de abuso, una petición respaldada por unas 1.600 firmas. «En Hollywood las actrices vistieron de negro. En Berlín queremos una alfombra negra», escribió Eisenger en la plataforma change.org, donde espera recolectar 2.500 firmas de apoyo y desde la que, en un juego de palabras con la popular serie de televisión «Orange Is The New Black» (el naranja es el nuevo negro), ha afirmado: «el negro es el nuevo rojo».

«En Hollywood las actrices vistieron de negro. En Berlín queremos una alfombra negra»

En el lado contrario, surgen voces de habla alemana que piden mesura, como la del cineasta austríaco Michael Haneke, que ha hablado de «caza de brujas», recordando que «se están destrozando carreras y familias» y que ha declarado al diario Kurier que «este nuevo puritanismo que odia a los hombres, que viene a raíz del movimiento #Metoo, me preocupa y me repugna». Kosslick, por su parte, trata de encontrar la butaca correcta presentando un programa paralelo al festival, en el que destaca la ronda de debate del 19 de febrero sobre acoso en televisión, cine y teatro y la iniciativa «Speak Up!», que contará con una web propia.

«Arte y cultura se ocupan desde siempre tanto de las cuestiones estéticas como también de las cuestiones de la sociedad. Esto es algo que se refleja cada año en el programa de la Berlinale. Por ello la Berlinale lucha ahora también contra cualquier tipo de abuso y a favor de la autodeterminación sexual», defienden sus organizadores. «El debate desatado por el escándalo Weinstein es importante y el movimiento #MeToo muestra una desconcertante dimensión de abusos, pero es importante abordarlo escuchando todas las voces».

Y este no es el único problema que sufre Kosslick en su penúltima edición como director. Otra fuente de presiones son las críticas por parte de casi 80 cineastas alemanes, entre ellos Volker Schlöndorff, Vatih Akin o Maren Ade, que le reprochan que el festival que este jueves abre el telón haya perdido brillo ante sus competidores, Cannes y Venecia. Este año, por la alfombra del Berlinale Palast desfilarán desde Robert Pattinson a Joaquin Phoenix, Isabelle Huppert, Bill Murray, Willem Dafoe (que será distinguido con Oso de Oro de honor por su trayectoria), el mexicano Gael García Bernal, el hispano-alemán Daniel Brühl y hasta el cantante y compositor británico Ed Sheeran, quien presentará un documental sobre su último disco, «÷» («Divide»).

Sin embargo, la lista parece menos rutilante que en otras ediciones, cuando asistieron George Clooney o Meryl Streep. La revuelta está sin duda relacionada con el final del reinado de Kosslick, que a sus 69 años está a punto de despedirse del cargo y cuya jubilación podría llevar a una división del puesto entre presidente y director artístico, según fuentes cercanas a la responsable, la ministra regional de cultura de Berlín, Monika Grütters. La Berlinale busca, además de butaca, una mejor hora para su función. El Festival de Venecia, a comienzos de septiembre, es junto al no competitivo Toronto la plataforma de lanzamiento para las candidatas a los Oscar. La Berlinale no recibe estas películas porque ya es demasiado tarde y los cineastas y estrellas se encuentran en plena promoción en Estados Unidos de cara a la gala de los Oscar. La Berlinale solo podría beneficiarse de la carrera por los Oscar si se celebrara en diciembre, pero entonces perjudicaría al mercado, ya que a finales de año las cuentas de los compradores de películas están vacías. Asimismo, el festival de Sundance, que se celebra a finales de enero y está dedicado al cine independiente, también le ha pasado factura, ya que muchas cintas se estrenan previamente allí.