Es Noticia
Tim Burton

Tim Burton, el autista obsesionado con la muerte que traumatizó a Hollywood

Antes de consagrar su estilo gótico y extravagante, Tim Burton se dedicaba a asustar a sus vecinos representando sangrientos asesinatos

Tim Burton
Tim Burton - REUTERS
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Apenas tenía edad para saber atarse los cordones pero el pequeño Tim Burton, al que sus aterrorizados vecinos apodaban «Herida de hacha», se entretenía representando sangrientos asesinatos y crímenes famosos. En lugar de salir a la calle con los demás niños, les asustaba con relatos sobre imaginarias invasiones extraterrestres, y prefería mirar por la ventana de su habitación antes que compartir un juego infantil con sus compañeros del barrio. Hasta que sus padres se la tapiaron sin motivo. «Cuando no tienes demasiados amigos ni vida social, te quedas mirando a las cosas, en vez de hacerlas. Hay una extraña sensación de libertad cuando no te tratan como parte de la sociedad», llegó a decir, resumiendo la esencia de su filmografía, marcada por una imaginación sin límites y una infancia solitaria y despojada del cariño de sus progenitores, que terminaría forjando la singular personalidad de este genio del séptimo arte convertido en el eterno niño traumatizado de Hollywood.

Pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Él también marcó de por vida a unos cuantos, que difícilmente se sacarían el susto del cuerpo por culpa del ingenio del Burton niño. Cuando el autista cineasta era todavía imberbe, engañó al chico que vivía en la casa de al lado, haciéndole creer que un asesino fugado había tropezado y se había caído en la piscina de un vecino, recién rociada con ácido y cloruro. «Había arrojado algunas ropas al agua y le dije que el tipo se había disuelto», contó en la revista «Playboy» en 2001. «Mucho antes de ser consciente de ello, Burton ya era director. Ahí estaban la obsesión por la muerte, el talento para idear escenas extraordinarias y una imaginación plagada de invasores del espacio dispuestos a traer la destrucción sobre los barrios residenciales de las afueras», explica el periodista Ian Nathan en «Tim Burton. Genio y obra de un icono del cine» (Libros Cúpula, 2016).

Padres crueles, genios incomprendidos

«Muchas de las cosas que ves cuando eres niño permanecen contigo… pasas la mayor parte de tu vida intentando asimilar esas experiencias», cuenta que dijo María Herreros en «Marilyn Monroe tenía once dedos en los pies y otras leyendas de Hollywood» (Editorial Planeta, 2016). Y le han acompañado a lo largo de su carrera, donde responde a todo aquello a lo que se solo se atrevió a observar en su infancia. «Los padres suelen ser una figura distante o malvada en sus películas», escribe Herreros, como por ejemplo en «Sleepy Hollow», «Charlie y la fábrica de chocolate», «Big fish» o «Eduardo Manostijeras». El protagonista de sus filmes, sin embargo, suele ser un incomprendido, un marginado que crece en lugares hostiles con él.

Pese a su escasa habilidad social, sus filmes siempre han conseguido conectar con el público, capaz de fidelizar a un sector de los espectadores con sus cintas más íntimas y arrastrando al resto con sus superproducciones, «una exitosa constante en su trayectoria», explica Herreros. Pese a su niñez de inadaptado social, ha atraído con su peculiaridad a las masas, logrando taquillazos como el del «Batman» de Michael Keaton, que recaudó 400 millones de dólares en todo el mundo. Así, sus grandes éxitos de recaudación se convirtieron en una especie de salvoconducto para financiar sus proyectos más personales, como sucedió con «Eduardo Manostijeras» o «Pesadilla antes de Navidad», «la película en la que el cliché Burton explota en forma de esqueletos, calaveras y perritos desmembrados».

Muertos llenos de vida

Entre lo mainstream y lo exclusivo, lo siniestro y lo dulce (el negro y los tonos pastel salpican toda su filmografía), y rodeado casi siempre de sus fetiches (la Navidad, su exmujer Helena Bonham-Carter y Johnny Depp, con los que ha repetido en varias ocasiones, o el compositor Danny Elfman), Burton redireccionó sus traumas, fusionándolos con uno de los estilos más icónicos del cine, algo que el escritor Ian Nathan define como «burtonesco»: «Burtonesco es mucho más que una unificación de estilo; también es cuestión de carácter. No en vano muchísimas de sus películas llevan por título el nombre del personaje principal: Batman, Ed Wood, Alicia en el País de las Maravillas... estas películas, como alguien dijo una vez, están tan llenas de "pirados individualistas" que es otra forma de decir que están llenas de vida... incluso cuando sus protagonistas están muertos».

«Si has tenido alguna vez esa sensación de soledad, de ser un intruso… es algo que nunca se va. Puedes ser feliz o tener éxito, pero esa sensación… permanece contigo». Y, sin duda, con todos los seguidores de este director extravagante y, a veces, inquietante.