Agustín Díaz Yanes: «El pecado original de España son las divisiones territoriales»

El director de «Oro» refleja con crudeza las luchas cainitas de los españoles que cruzaban el Atlántico en busca de riqueza y ensalza el valor de aquellos hombres y mujeres

Raúl Arévalo, protagonista de «Oro», junto al director de la película, Agustín Díaz Yanes
Raúl Arévalo, protagonista de «Oro», junto al director de la película, Agustín Díaz Yanes - Ignacio Gil
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En estos tiempos de sobreproducción fílmica, el nombre de Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) evoca templaza. Hijo de torero y amante del western clásico, mide cada paso antes de lanzarse a rodar. Por eso, quizá, tan solo ha dirigido cinco películas en veintidós años. Solo un nombre le hace arriesgarse de más, el de su amigo Arturo Pérez-Reverte. Del escritor adaptó al cine la historia de «Alatriste», su personaje más popular, y ahora le pone imágenes a un relato todavía inédito, «Oro».

P - ¿Cuánto de western clásico hay en «Oro»?

R - Ojalá haya mucho. Confío en que el espíritu del western en que esté, lo he intentado por todos los medios. Para preparar la película vi «La venganza de Ulzana», de Robert Aldrich, y otros tantos, aunque nada de John Ford, porque es imposible. Es tan bueno que no hay forma de intentar hacer nada para llegar a él.

P - Llama la atención cómo se remarcan los lugares de origen de cada uno de los conquistadores...

R - Es que era así, y lo era en toda Europa, porque en esos siglos se construyen los estado nación. Además, había algo muy español, el que era de Trujillo odiaba al de Zafra por cercanía. Es como lo que ocurre ahora con el fútbol.

P - Pero sorprende que, pese a ser todos de Castilla, remarquen tanto su pueblo.

R - Es que antes se identificaban por el pueblo en el que habían nacido. Lo primero que hacían era preguntar de dónde eres, daba un poco igual el cómo te llamabas. Arturo lo puso en su relato, y no había que obviarlo porque era así y ha seguido siendo así no solo en España sino también en Europa. Los nacionalismos pequeños y grandes se han seguido moviendo hasta ahora.

P - De aquellos polvos, estos lodos...

R - Todas las naciones tienen su pecado original, y cada nación lucha con su pecado original de una forma u otra. El nuestro es el de las divisiones territoriales, los franceses tienen otros, los ingleses otros… En EE.UU. han pasado 200 años de la guerra de secesión y mantienen un problema acojonante con el sur y el norte. Cuando hice la carrera leí «El Mediterráneo en la época de Felipe II», de Fernand Braudel, y decía que «la historia es de tiempos largos». Y estos es tres y cuatro siglos. Las mentalidades van cambiando, o lo parece, porque se mantienen mentalidades muy antiguas.

P - La sombra del genocidio siempre planea en la Conquista, una idea que ya se está superando. ¿Por eso no lo ha retratado en el filme?

R - El relato de Arturo es lo que está en la película. Si me hubieran encargado hacer a Hernán Cortés o Pizarro, no lo hubiera hecho. Yo no haría una película sobre si ha habido genocidio o no, no me veo capacitado. Esta es una película de 30 españoles y dos españolas que cruzan la selva en busca de una ciudad de oro. Y como ocurrió en el siglo XVI y hubo indígenas en la selva, pues matan indígenas, se matan entre ellos, van con un indígena... Ni el relato ni la película querían ser una explicación general de la conquista

La Pregunta

P - En el filme se centra más en las luchas cainitas de los españoles...

R - Eso siempre ha sido así. Para los conquistadores, los nativos eran un elemento perturbador, pero más perturbador era que se quiseran quedar cinco con el oro y quitar a los demás. Al final iban a por eso.

P - «Oro» es una historia de ambición, de envidias, de peleas entre españoles... ¿Es el siglo de los conquistadores o es nuestro presente?

R - (Risas) Es el siglo de los conquistadores. Yo no sabía que esto que iba a ocurrir. No soy profético. Pero son pasiones humanas que existen desde la Biblia, no nos hemos inventado nada.

P - Es el ADN español, el quítate tú para ponerme yo...

R - No, los ADN son muy parecidos, con matices, entre todas las naciones. El nuestro se parece al de los ingleses con pequeñas diferencias. Nuestra historia no ha sido fácil, nuestros gobernantes no han sido precisamente unos genios… Y nuestra historia ha sido muy larga. En cambio, los ingleses han tenido más suerte con cómo construyeron su sociedad. Pero el ADN es el mismo, lo que cambian son las circunstancias políticas y sociales. España ha sido, de Europa, el país que peor suerte ha tenido con sus élites y gobernantes, que en general han sido siempre terroríficas, incluida la dictadura ominosa de Franco, que ha sido destrucitva para el país y que fue un desastre. Ellos han tenido a Churchill y nosotros a Franco, y esa ha sido la gran diferencia

P - ¿Se pregunta qué debían sentir aquellos 30 españoles en la selva?

Es la gran pregunta que nos hacíamos. A veces me preguntaban los actores y no sabía qué decir. Tu eres un señor de Trujillo, que no ha salido del pueblo, y con trece o catorce años, pobre como una mierda, te entra la ventolera y te vas a Sevilla, coges un barco, cruzas el Atlántico y llegas a un continente que no tiene nada que ver contigo, ni que se parece a lo que has visto, y te ves rodeado de selvas, de animales que no conoces, de hombres y mujeres que nunca has visto.. Y es como ir a Marte. Imagina a un tío del secarral de Extremadura en medio de la selva...

P - ¿Cómo se explica que tan pocos españoles dominaran un continente tan grande?

No lo sé, es otra de esas preguntas que siempre me hago. Es una aventura. Y con pocos medios. No es como ahora los americanos que van con unos aviones acojonantes. Estos llevaban armas más sofisticadas que los indígenas, pero al final eran arcabuces, algún cañón.. Siempre me ha dejado sin respuestas, nunca lo he podido comprender. Una vez fui al museo del Ejército y me dejaron una pica de las que usaron los tercios en Flandes. La intenté coger y no podía de lo larga que era y de lo que pesaba. Y estos, cargados en la selva y vestidos con andrajos y a saber cómo. Arturo dice que es porque eran duros como el pedernal. No lo sé, pero me asombra cuando leo cosas de los conquistadores de esos siglos.

La Pregunta

P - ¿Cree que le podrán criticar por la imagen que da de la mujer en el filme?

R - Yo creo que no. Desgraciadamente la mujer en el siglo XVI, fuera o no aristócrata, no tenía nada: estaba sometida a lo que dijera el gilipollas de su marido y para parir… En «Oro» están representadas por encima de lo que eran. Y es así porque yo quería que fuera así.

P - ¿Qué ha dejado fuera del relato original de Reverte?

R - No lo sé, porque leí el relato hace dos años, y cuando empiezas a escribir los guiones dejas cosas fuera. Pero Arturo ha estado siempre conmigo, así que el espíritu está al menos en el guión. Luego la película ya sabes que se te escapa de las manos y que la gente lo interpreta como quiera.

P - ¿Cómo ha sido lidiar con el ego de tantos actores ganadores de un Goya?

R - Muy bien, y lo digo en serio. Además, ¡yo también tengo un goya! (risas). Al ser una película coral, tenía 16 personajes importantes, les dije a los más protagonistas que alguna vez debían comportarse como extras para que los otros pudieran brillar. Y se comportaron magníficamente

P - ¿Qué hay de «Alatriste» en «Oro»?

R - Es una película grande, basada en un personaje tan grande como Alatriste. Y a pesar de un elenco extraordinario iban y venían, porque Viggos salía en el 99% de los fotogramas. Solo hubo una mañana que no vino al rodaje. Son dos películas completamente diferentes. Incluso las espadas, tal y cual, todo es diferente. Me sirvió mucho Alatriste para hacer esta, pero no tiene nada que ver.

P - ¿Qué aprendió al rodar «Alatriste» que haya aplicado en «Oro»?

R - «Alatriste» fue como hacer varias carreras en una. Aprendí cómo se puede rodar la época, cómo se filman las luchas con espada, la violencia, el cuerpo a cuerpo... Que es muy jodido de hacer.

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