Adam Curtis: «El sistema está corrupto y aceptándolo también nosotros nos volvemos corruptos»

El Museo Reina Sofía dedica una retrospectiva a la obra del documentalista británico bajo un sugerente título: «Una historia natural del poder»

El documentalista británico, Adam Curtis
El documentalista británico, Adam Curtis - MUSEO REINA SOFÍA
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A Adam Curtis no le gustan los museos ni las apariciones públicas ni que le saquen fotografías. Chema González, el comisario de la retrospectiva sobre la obra de Curtis que celebra el Museo Reina Sofía, tuvo que viajar a Londres para convencer al cineasta de que viniese a España. Curtis se mostró reacio en un principio, pero empezó a cambiar de opinión cuando González le habló del Guernica y de Picasso, de los artistas exiliados que tienen su obra expuesta en el Reina Sofía. Trabajador meticuloso y solitario, Curtis lleva treinta años buceando en los inagotables archivos de la BBC para construir unos documentales que son tentativas de explicar «un mundo mucho más complejo de lo que nos pensamos». Hasta finales de año, el Museo Reina Sofía proyectará la obra completa de Curtis, compuesta por documentales, cortos y alguna rareza inédita. El cineasta visitó nuestro país para pronunciar la conferencia inaugural del ciclo.

P - El ciclo que ahora acoge este museo habla de usted como un analista e historiador del funcionamiento del poder en nuestro mundo global, ¿qué es lo que le interesa mostrar en su indagación sobre los mecanismos del poder?

R - Mira, todos los periodistas creen que el poder emana de la política. A mí no me satisface esa idea. Primero, porque me aburre la política. Me gusta la música, la cultura...y me interesa estudiar cómo se manifiesta ahí el poder, por eso empecé haciendo películas sobre el arte y el poder, la psicología y el poder, la cultura y el poder...El poder es como el agua en la que nadamos.

R - Al final, en nuestro mundo todo es mucho más complicado de lo que nos pensamos. Por ejemplo, ¿qué es lo que te hace pensar que quieres tener un teléfono bueno? No hay ningún político que te diga que tienes que comprarte un buen teléfono, entonces, ¿qué es lo que te hace desearlo, sentir que lo deseas? Es algo ciertamente poderoso, porque todo el mundo quiere tener un teléfono a la última.

R - Por ejemplo, ahora ha salido el escándalo de Harvey Weinstein. Hay un poderoso movimiento feminista al alza que está haciendo mucho ruido con este tema, pero hace dos años no hubiese pasado nada. ¿Por qué pasa esto, de dónde viene?, pues son el tipo de cosas que me interesan. Creo que todo tiene que ver con cómo se mueve el poder en la sociedad, no en los políticos. Los políticos siempre llegan tarde.

P - Por otra parte, este tema del poder no es muy popular en nuestros días entre los cineastas, pero tampoco entre los escritores, periodistas y artistas. Parece que fuese un tema pasado de moda, ¿no cree que esta falta de interés por el tema es una muestra del éxito de implantación de ese poder ubicuo del que habla?

R - La razón por la que la gente no está interesada en el poder es porque vivimos en una sociedad en la que el individuo es lo más importante; en la que lo que el individuo piensa, siente y desea es el centro del universo. Si piensas así, lo último que querrás escuchar es que hay fuerzas muy poderosas haciéndote que pienses o que hagas lo que piensas y haces.

R - Por ejemplo, cuando un ordenador registra lo que haces y lo compara con lo que hacen millones de personas y descubre que uno no es tan único como se piensa, que hace lo mismo que otros muchos. El ordenador lo sabe, pero no te lo dirá, te dará un feedback que te haga pensar que eres especial. El sistema dirige a los individuos y les da lo que quieren para que nos sintamos especiales, para que sintamos que nuestra foto de comida en Instagram es especial y no tiene nada que ver con las millones de fotografías de comida que hay en Instagrm.

R - Pero todo esto está empezando a agrietarse. En primer lugar, porque acaba resultando aburrido y muy predecible. Lo que está emergiendo en su lugar son fuerzas muy poderosas que ya hemos visto actuar en el Brexit, en la victoria de Trump y en la Rusia de Putin. Esa política de viejo cuño, de grandes relatos colectivos, nacionales. A mí no me gusta Donald Trump, pero demuestra que cuando los individuos se unen pueden cambiar el sistema. Ellos eligieron a un candidato qmuy odiado por las élites. En ese sentido soy optimista, porque demuestra que el cambio es posible.

R - Creo que en el momento en el que algo se hace casi invisible es porque se ha vuelto importante, y eso es lo que sucede con el poder. Hace treinta años nadie quería hablar del poder porque preferíamos pensar que lo controlábamos todo.

P - ¿Por qué cree que el poder es un tema que apenas tiene presencia en el mundo de la cultura, especialmente en el cine?

R - De algún modo, el cine y el arte en general son una forma de propaganda del poder. Lo interesante de este momento es cómo alguna el arte y el cine están empezando morir. Por ejemplo, el motivo por el que Harvey Weinstein, una persona horrible, está siendo defenestrado es porque ya no tiene poder. Y la razón por la que ya no tiene poder es porque su momento ha pasado. La propia idea del cine está empezando a ser cuestionada, se piensa que ya no es capaz de ofrecer nada.

R - Cuando yo era niño, en Reino Unido todo el mundo odiaba a los sindicatos porque se pensaba que controlaban la forma en la que pensabas, te manipulaban...Estoy empezando a pensar que la cultura ocupa ahora ese papel. Todo lo que se hace tanto en cine como en televisión o en fotografía son remakes, no hay nada nuevo. Tal vez, la cultura se haya estancado y, tal vez, el poder se manifiesta ahora por otras vías. Y creo que será en la política. La política ha vuelto, eso es lo que demuestra la victoria de Trump y del Brexit.

P - Usted, antes que cineasta, se considera periodista. A los periodistas les gusta mucho decir que su cometido es vigilar y controlar las actividades de los poderosos. ¿Qué papel tienen los medios en esta situación en la que ahora se encuentra el mundo y usted describe en su Hypernormalisation, su último documental?

R - El papel de los medios es sacar a la luz informaciones y tratar de darles un sentido. El periodismo debe intentar dar una visión de conjunto, elevándose como un helicóptero para trascender las noticias inmediatas.

R - El término de «hipernormalización» lo tomé de un gran escritor ruso, Alexei Yurchak, que lo usa para referirse a lo que sucedía en la Unión Soviética en la década los 80 y los 90. Todo el mundo sabía que el sistema estaba corrupto, pero lo aceptaban como algo normal. Salvando las distancias, es que es lo mismo que está pasando ahora. Hace pocos días se publicaron los Papeles del Paraíso, donde se revela que grandes personalidades defraudan millones, y a nadie le sorprende, lo hemos aceptado como algo normal. El periodismo hizo bien su trabajo, pero el problema es otro. Entonces, creo que los periodistas deben seguir contando los hechos, publicando cosas como los Papeles del Paraíso, pero también ir un paso más allá, intentar explicar por qué hemos normalizado todo esto.

R - El sistema está corrupto y aceptándolo también nosotros nos volvemos corruptos de algún modo. Hace treinta años, los periodistas sacaban a la luz exclusivas que desconocíamos, y todos nos quedábamos sorprendidos por las revelaciones. Mira el Watergate, por ejemplo. Ahora nadie se sorprende, hemos asumido que el poder está corrupto. Por eso, creo que los medios deben hacer un esfuerzo por comprender qué hay detrás de esto.

P - El Diccionario Oxford hizo de posverdad la palabra del año 2016, y es también una de las protagonistas de Hypernormalisation. Usted viene a exponer que la posverdad no es un fenómeno de 2016 que se manifestó en ciertos acontecimientos políticos, sino que es algo que lleva décadas acompañándonos y que tiene una estrecha relación con nuestra cultura, ¿no es así?

R - Lo que intenté mostrar en Hypernormalisation es que, a medida que nuestro mundo se vuelve más y más complejo, muchos grupos empezaron a construirse su propia versión simplificada del mundo. Hemos llegado a un punto en el que la política ha perdido su razón de ser, su capacidad de transformar el mundo, y se ha convertido en un sistema de gestión. Un gestor es una persona que no quiere cambiar nada, quiere que en su organización todo siga tal y como está. La conversión de la política en mera administración es una forma de simplificar el mundo y, por lo tanto, de falsearlo.

R - Creo que debemos volver a la realidad. Hemos desconectado tanto de ella que la gente se ha lanzado a votar a Trump y al Brexit. Volvemos a lo de antes: sabemos que lo que dicen los políticos es mentira, que el sistema está corrupto...pero no tenemos otra alternativa.

P - Internet y las nuevas tecnologías de la nformación y la comunicación parecen ser otras de sus obsesiones, ¿cuál es su responsabilidad en la construcción de este mundo irreal del que usted habla, esta desconexión con la realidad?

R - Internet fue configurado para existir en un mundo estático, circular, predecible. El usuario recibe continuos feedbacks, y nunca verá algo que le desagrade, pues todo está diseñado a su medida. Al final, Internet te muestra lo mismo una vez y otra, y otra...No hay variación.

R - La red es una tecnología muy poderosa, y no necesariamente tiene que usarse de esta forma, es posible salirse de este círculo repetitivo, de tu burbuja. Lo que ahora están surgiendo son narrativas muy potentes de tipo nacionalista y religioso, muy emocionales, e Internet es un canal perfecto para ellas. Los liberales y los progresistas deben darse cuenta de lo que está sucediendo en Internet si quieren darle la vuelta a la situación.

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