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Los 80, el revival de lo que no se ha ido

Empezaban los 90 y ya había discotecas «remember» donde la gente seguía tomando cubatas en la década anterior

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Los años 80 nacieron para ser recordados. Empezaban los 90 y ya había discotecas «remember» donde la gente seguía tomando cubatas en la década anterior.

«Perfect» de Fairground Attraction o el «Breakout» de Swing Out Sister nacieron en un recopilatorio, como si desde el principio las recordáramos.

Por eso antes de hablar de revival hay que aclarar que mucha gente no salió nunca de esa década. La década no terminó. ¿Puede decir un fan de Pet Shop Boys que los 80 acabaron? En música no es posible: los sintetizadores, los Smiths, Alaska y Carlos Berlanga, el «Gold» de Spandau Ballet…

Lo que llevamos viviendo un tiempo es la recreación de esos años, el revival.

A principios de siglo hubo uno fuerte. Se dice que una década vuelve cada 20 años, pero durante lo que llevamos de siglo XXI el revival no se ha ido, y en estos últimos meses vivimos la segunda réplica.

«Stranger Things», «It», Cindy Lauper cantándole al eclipse, o Mazinger Z –que se estrena esta semana– son solo algunos ejemplos.

La explicación es generacional. Las personas entre 40 y 50 años, en edad de crear, fueron niños o jóvenes entonces, y además de proyectar esa época se la enseñan a sus hijos.

Son unos 80 distintos, unos 80 para ser vividos por los niños de los que no salieron mentalmente de la década.

Los 80 nos corresponden a la Generación X, entre la del Baby Boom y los Millennials, y aunque los primeros no han terminado nunca de soltar el poder y los segundos vienen con fuerza (y sin un duro), en este concreto instante del siglo la cultura es ochentera.

Spielberg, Sabrina, los Goonies o McGyver son los clásicos de la cultura pop.

Pero no es solo algo cultural. Los 80 vuelven en todo. Están en Trump, que recuerda a Reagan y es en sí mismo un icono de entonces. Y no es solo algo generacional, está en la naturaleza de esa década. Década de fantasía, de súper héroes, de Rambos y Schwarzeneggers, del «Thriller», de colores en la ropa, de chicos con hombreras y pelos largos, de películas de John Hughes, mujeres libres y niños aventureros y protagonistas en biciletas (niños haciendo su «Easy Rider»). Las canciones pop llevaban dentro la música de baile y los cantautores habían desaparecido. La última década antes de internet y la última antes de la globalización: las películas de entonces eran marcadamente americanas y occidentales. Aún no había caído el Muro y eran exóticamente estadounidenses. La libertad en ellas parecía un ingrediente necesario. Eran películas para seducir a todo el planeta, pero no para todo el planeta. Las de ahora sí se hacen para el mundo entero. Lo americano era más marcadamente americano, igual que nunca la NBA fue tan lejana y tan cercana como con Bird, Magic o Jordan.

Eso es lo que recibíamos, mientras que lo español se coloreaba con la Movida, la Quinta del Buitre, Maradona, la Bola de Cristal, un Madrid mítico y una Barcelona preparando el 92. En los 80 los hombres cantaban «Dos mujeres que se dan la mano» de Mecano y las mujeres estribillos de Marta Sánchez (o incluso de Vicky Larraz) ¿Cómo no iban a ser años más libres? Estábamos entre los 50 de Grease (década hermana) y el futuro de Blade Runner. En los 80 había una máquina del tiempo abierta y venían (Terminator) o íbamos (Regreso al Futuro). Y esa máquina no se cerró.

Los 80 tienen otra cosa que nos fascina. Son la arqueología tecnológica (nota: ver «Halt and Catch Fire»). Los primeros ordenadores, los primeros juegos, y las primeras cosas con forma de píxels en la pantalla. El arte en 8 bits es nuestra infancia y nuestra prehistoria; los primeros walkman no nos permitían aún la libertad de lo inalámbrico pero ya se podía bailar por la calle.

Vivimos ahora un segundo revival y estos 80 no son ya exactamente nostalgia, sino una interpretación de lo que fueron. Para los nuevos jóvenes. Los que ya no lo son saben que la década no se marchó nunca. Fue la última antes de que Internet lo mezclara todo definitivamente.