Crítica

«Transformers: El último caballero» (**): Autos más locos que nunca

Michael Bay lleva diez años y cinco entregas buscando un buen chiste que ennoblezca la serie, o la saga

No era fácil encontrar una idea, la que fuera, para hacer por quinta vez una película sobre la estancia en la Tierra de los Transformers, esa mezcla de marciano y monovolumen charlatán. Y aún menos fácil que la encontrara Michael Bay, que lleva diez años y cinco entregas buscando un buen chiste que ennoblezca la serie, o la saga. La idea es sugerente y funcional: relacionar esta historia con tendencia a repetirse y enredarse con la historia que es campeona del mundo en utilidad y transversalidad, la que sirve para todo, la del Rey Arturo y su corte caballeresca con el mago Merlín a la cabeza. Con unas puntadas de guión, unas escenas artúrico-marcianas, la presencia de Anthony Hopkins y su extravagante personaje (y su aún más chocante robot mayordomo, quizá lo más cercano a bueno que tiene la película), la desidia chulesca de Wahlberg, la épica robótica de Optimus Prime, la férrea personalidad de Bumblebee, y algo de carne femenina terrícola con la jovencita Isabela Moner y la modelada Laura Haddock… Con todo eso y con un indescifrable cacao de intereses geoespaciales entre robots, caballeros y bichos, la película consigue alargarse durante dos horas y media, de las cuales no es fácil enterarse, ni en un sentido ni en otro. No hay ninguna duda al respecto: ¿si le gustaron las anteriores, por qué no le va a gustar ésta?

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