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Crítica de «Thelma»: Carrie ultracongelada

Con una Eili Harboe sobresaliente y escenas como la inicial o esa digna de Hitchcock, el hombre que sabía demasiado, en la que Thelma encuentra a su Louise en una función de ópera, debería contentar a todos los públicos

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Si recuerdan «Crudo» o «Déjame entrar», tramas adolescentes de canibalismo y vampirismo contadas al estilo del cine realista europeo en vez de, como es habitual, según los cánones del cine de género a la americana, se harán una idea de lo que es «Thelma». En este caso, se trata de la historia de una chica especial por algo que empieza siendo parecido a la telekinesia y luego revela otro potencial. Eso ya está hecho, me dirán, lo hizo Brian de Palma en «Carrie». Pues sí: se mantiene la sugerencia de que los poderes de la protagonista pueden verse como metáfora del sentimiento de no encajar en el mundo escolar propio de la edad y de la burbuja en la que ha vivido por culpa de padres sobreprotectores.

Pero quiten todo el gozoso gran guiñol de De Palma, los toneles de sangre rojísima, el gótico americano, y entonces esa Carrie envasada al vacío, ultracongelada, sería prima hermana de esta noruega Thelma. De hecho, el problema de la película es que resulta quizá demasiado lenta y silenciosa, y su terror visual aparece siempre amortiguado… como por una espesa capa de nieve. El espectador de cine de género puede volverse impaciente; hay apenas dos o tres «money shots», imágenes fuertes que les justifiquen el desplazamiento. Y el espectador de cine (de autor) europeo puede pensar que le han pasado de contrabando una historia de los orígenes, como dicen en casa Marvel, de una «Wonder Woman» con más traumas que vocación de heroína. Eso sí, Eili Harboe está sobresaliente y escenas como la inicial (insuperable) o esa digna de Hitchcock, el hombre que sabía demasiado, en la que Thelma encuentra a su Louise en una función de ópera, deberían contentar a todo tipo de públicos.