Señor, dame paciencia (**): La «Españeta» eterna

Tan sospechoso resulta reírse como no reírse ante las cien provocaciones de la película y los cien brochazos de sus actores

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A este esquema argumental no le suele dar mucha «bolilla» la crítica; en cambio, el público en la taquilla suele responder, a veces, con pasión. Este-esquema-argumental: varios personajes ocupan con «salero» su lugar en el «tablero» (cliché), que se corresponde con su nacionalidad (catalán, vasco, madrileño, andaluz…), con su opción sexual (gay, metrosexual, heterosexual furibundo…) y su condición social (pijo pepero, antisistema guarrete, padre irresponsable…). El cine español ha tenido ya grandes éxitos con la combinación de estos elementos regionales, sexuales y sociales, y aquí, el director, Álvaro Díaz Lorenzo, encuentra el aglutinante para reunirlos en un hecho luctuoso, la muerte de la madre (Rossy de Palma, en un papel breve, pero constante), y la estancia en Sanlúcar de Barrameda para esparcir sus cenizas en el Guadalquivir.

La película es la relación de un padre con sus hijos y sus respectivas parejas, y el viaje emocional que hacen todos ellos para recomponer sus ideas con respecto al «otro», en una grosera metáfora de la diarrea mental e ideológica de la España actual. Tan sospechoso resulta reírse como no reírse ante las cien provocaciones de la película y los cien brochazos de sus actores, todos bien instalados en su cliché, aunque David Guapo (el catalán culé y roñoso) y Salva Reina (el guarrete y salido) sepan ponerse en el centro del tablero.

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