Redención (***): La pegada de un gran actor

Al espectador solo le falta recibir algún mamporro para meterse más en la pelea. Salvo un giro sorprendente que no se puede revelar, el resto ya estaba visto

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El boxeo tiene algo mágico en una pantalla de cine. Fuera de ella el debate está abierto, pero no deja de sorprender el número de obras maestras que ha dado este deporte. Lo difícil es crear algo nuevo dentro de las doce cuerdas. Antoine Fuqua, un director de probada competencia, recurre a los resortes más conocidos del género y construye un relato que sabe aportar una mirada distinta en el fondo, pero no en la forma. Y cuando lo hace, no atina con alguna novedad duradera.

«Redención» sigue el camino inverso a la mayoría de películas deportivas. El auge antecede a la caída. El «dar cera, pulir cera» llega después, hasta el clímax final. La otra innovación es la cercanía de la cámara, con planos subjetivos, casi de videojuego. El truco es efectista, pero aturde. La distancia corta no ayuda a la narración, resta autenticidad. Al espectador solo le falta recibir algún mamporro para meterse más en la pelea. Salvo un giro sorprendente que no se puede revelar, el resto ya estaba visto.

La verdadera redención de la cinta es la actuación de sus protagonistas. Jake Gyllenhaal se deja los nudillos y la sesera, sabedor de que será comparado con mitos como Paul Newman y Robert de Niro, por citar solo un par púgiles del cine. A su lado, Forest Whitaker parece muy por encima de su desgastado personaje. Rachel McAdams y la pequeña Oona Laurence dan el contrapunto femenino, pero ambas en segundo plano. Aparecen más en la cabeza del protagonista que en pantalla. En general, el aire es demasiado masculino, como si la violencia no tuviera ya suficiente peso.

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