Críticas de Cine

París puede esperar (**): Dos en la carretera

La película muestra el encanto visual y gastronómico de esa Francia de interior que guarda apetitosos secretos, historia, hotelitos, restaurantes y vinos que manchan la copa y el entendimiento

París puede esperar (**): Dos en la carretera

El título de Stanley Donen solo sirve aquí como punto de partida: un hombre y una mujer viajan en coche desde Cannes hasta París; ella es la esposa de un productor importante con un teléfono en cada oreja y él es un socio del marido que se presta a llevarla hasta París. La directora de esta película de viaje es Eleanor Coppola, esposa del gran Francis Ford, y narra una peripecia que sin duda se gestó en su propia experiencia de mujer a la sombra…

A diferencia de la magistral pareja de Stanley Donnen (Audrey Hepburn y Albert Finney), aquí no se «estudia» el cruce corrosivo entre el tiempo y el amor, sino más bien, y a fondo, el encanto visual y gastronómico de esa Francia de interior que guarda apetitosos secretos, historia, hotelitos, restaurantes y vinos que manchan la copa y el entendimiento.

Aunque pueda resultarle «monótona» o trivial a los espíritus franciscanos, refleja con optimismo y entusiasmo esos tres o cuatro placeres del buen vividor, encarnado por el excelente Arnaud Viard, arquetipo del francés maduro, seductor y que mueve el vino en la copa con el mismo arte que el argumento y la tentación. A ella, feliz e infeliz americana, la interpreta con su irrebatible encanto Diane Lane. La cámara es optimista y luminosa, y también sabe leer entre líneas y con sutileza el apenas romance y esa vena de clase, elitista, que quizá incomode a los amantes del tinto de verano y el pollo al ast.

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