«El jardín de Jeannette» (**): Cuadro impresionista y sutil

Brizé pinta un cuadro impresionista, protagonizado con estilo y un gasto mínimo en gestos por Judith Chemla

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Stéphane Brizé relee a Maupassant, un autor mucho menos conocido pero tan adaptado como Stephen King, a veces por directores tan sobresalientes como John Ford y Luis Buñuel. De hecho, «El jardín de Jeanette» no es la primera versión de «Una vida». Brizé pinta un cuadro impresionista, protagonizado con estilo y un gasto mínimo en gestos por Judith Chemla.

Ella es Jeannette, una joven que tiene la desgracia de casarse con un hombre miserable e infiel, una flor que se marchita, castigada por los temporales de la vida. Todo transcurre en Normandía, a comienzos del siglo XIX, cuando las cosas transcurrían más despacio, la gente escribía cartas y el mal de amores no tenía cura. En esto no hemos cambiado tanto.

La propia cinta parece de otra época, con una sensibilidad que, me temo, no llegará al público con la suficiente intensidad, sobre todo porque los espectadores nos hemos vuelto vagos e impacientes. Quienes conservan ese olfato de sumiller han sabido apreciar los sutiles olores y matices de este drama terrible, narrado con una contención excesiva. Incluso el acto amoroso es retratado como una simple descarga, sin preliminares ni pasión, como una función más del organismo. El director, que el año pasado estrenó «La ley del mercado», ha recibido el aplauso casi unánime de la crítica, pero no ha terminado de triunfar en los festivales, que parecían propicios. Falta el veredicto del mercado, que debería conocer bien.

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