Críticas de Cine

Una historia de locos (**): Odio, crimen y comprensión

Historia de locos con una rara mezcla de pasión personal, forzada objetividad y suave equidistancia

El batallador y nostálgico Robert Guédiguian encuentra en el libro autobiográfico de José Antonio Gurriarán, «La Bomba», un buen recipiente para sus trajines dialécticos, en este caso una reflexión ética sobre el terrorismo, la lucha armada, las víctimas y los verdugos.

Y lo hace imponiéndole a su historia de locos una rara mezcla de pasión personal, forzada objetividad y suave equidistancia, pues quiere al tiempo recordar el genocidio armenio y el odio que lleva a la creación del grupo armado, y la radicalización de un joven marsellés, de origen armenio, que comete un atentado y su víctima es alguien que pasaba por allí en bicicleta.

La trama se tuerce de lo complejo a lo melodramático: cambia el punto de referencia, ahora es la emoción de la madre del terrorista (Arianne Ascaride) la que se adueña del debate, se preocupa por el joven herido en el atentado y procura un termal y comprensivo encuentro entre el verdugo y su víctima. Busca una catarsis sin pararse en tópicos (ese líder armenio pistolero, macarra y fanático, esa abuela enquistada), pero lo que encuentra sin esfuerzo es un simbolismo terrible con la actualidad terrorista, que aún resuena en Francia y… Contra este irresoluble debate, Guédiguian propone más emotividad que otra cosa.

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