El hijo de Jean (***): Explorador en busca de padre

«El guión no da pistas sobre las sorpresas que aguardan al espectador, obligado a embarcarse, como el protagonista, en una trama casi de intriga, con la mente abierta»

Escena de El hijo de Jean
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Un hombre de 33 años que ha crecido sin padre descubre por una llamada que este vivía en Canadá y que él ya no es tan único. De repente, le han brotado dos hermanos. Mathieu (Pierre Deladonchamps) atraviesa el océano desde su París natal para conocer al ala oculta de su familia, en una película «de viaje». Es un periplo corto, intenso y con grandes descubrimientos.

Philippe Lioret, que empezó como técnico de sonido, escribe y dirige su primer largo en cinco años, y le sale una pieza contenida pero emocionante. «El hijo de Jean» fluye como un río de aguas cristalinas. El guión no da pistas sobre las sorpresas que aguardan al espectador, obligado a embarcarse, como el protagonista, en una trama casi de intriga, con la mente abierta.

El contrapunto lo da Pierre (Gabriel Arcand, un tipo que podría hacer del viejo Bobby Fischer), el amigo del padre que le descubre la veta canadiense. Entre ellos se forma una relación peculiar, de las que solo se dan entre hombres, con pocas palabras y escasos gestos, mientras el joven indaga en el pasado que no tuvo, en sus lazos sin estrenar.

Los dos hermanos resultan ser dos tarados, pero la aventura americana le permite a Mathieu descubrir también a dos mujeres excepcionales, que apenas necesitan cuatro instantes para evidenciar su grandeza. Catherine de Léan, al borde del precipicio emocional en una escena, y Marie-Thérèse Fortin son las actrices que levantan estos personajes. Hasta las niñas resultan deliciosas en una cinta que deja un gran sabor de boca pese a las lágrimas que, si se tercia, podrían rodar hasta sus comisuras.

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