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Crítica de En la sombra: Nervio narrativo y dilema moral

Fatih Akin sabe contar una historia y atrapar al espectador pese a no darle la menor satisfacción

Diane Kruger, en el que quizá sea su mejor papel
Diane Kruger, en el que quizá sea su mejor papel - ABC
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Se tiene o no se tiene, y a Fatih Akin le sobra pulso narrativo. Sabe contar una historia y atrapar al espectador pese a no darle la menor satisfacción. En esta película todos los personajes sufren, nunca pasa nada agradable. Ni siquiera la boda del arranque proporciona felicidad. Pero no teman, que tampoco es el típico dramón lacrimógeno en el que solo suceden desgracias.

El cineasta aprieta, pero su intención es contar un caso real de violencia neonazi, recorrer un largo camino, de la cárcel al infierno, para el que no necesita el sensacionalismo de escenas escabrosas. La puesta en escena es impecable, eficaz, siempre a la velocidad necesaria, con un buen uso de la banda sonora y de los silencios. En diez minutos pasan más cosas que en varias películas juntas.

Diane Kruger no tiene tanto protagonismo en esta página como en la cinta, en el que quizá sea su mejor papel. En Cannes lo tuvieron claro. La actriz brilla como un piano perfectamente afinado, capaz de clavar cualquier nota, las blancas y las negras. Con Akin de intérprete, da un recital al lado de un reparto elegido con astucia. El abogado «bueno» es bueno, pero el malo es muchísimo mejor, como decía Mae West de sí misma. La calidad del villano, nos lo enseñó Hitchcock, es esencial, aunque la cinta bordea el maniqueísmo y llega a un desenlace discutible. El dilema moral que plantea sí puede causar incomodidad, como si el arte no estuviera obligado a eso.