Crítica de «Le redoutable (Mal genio)»: El irritante Godard, irritado

«Hazanavicius hace una película muy divertida e irrespetuosa con el santón, puntuando todas las contradicciones artísticas, ideológicas y sentimentales del director suizo»

Godard, en pleno mayo del 68
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Es más conocida la personalidad y la capacidad de provocación de Jean-Luc Godard que sus películas en general, y el director Michel Hazanavicius, también sobrado de personalidad y de voluntad provocadora, recoge al personaje para hacer un mixto de biografía y caricatura.

La adoración (como el rechazo) a Godard por parte de sus muchos admiradores lo convierten en una especie de divinidad, con lo que «Le redoutable» es considerada una película maldita en esos círculos cinematográficos. Como no estamos dentro de un círculo, hay que admitir que Hazanavicius hace una película muy divertida e irrespetuosa con el santón, puntuando todas las contradicciones artísticas, ideológicas y sentimentales del director suizo, y ofrece sus dos caras: la más frágil física (gafas rotas) e intelectualmente y la más antipática, sectaria y de gran plasta (qué gran escena en la que Bertolucci le llama tonto).

Se basa Hazanavicius en la biografía de la actriz Anne Wiazemsky, su pareja durante «Un año ajetreado», y se ciñe a su época maoísta cuando rodó «La Chinoise» y se puso a convivir con ella. Los elementos que hacen burbujeante la película son una buena recreación de lugares y épocas, una buena reinterpretación del uso y mezcla de elementos visuales y materiales que propician un «paisaje godardiano» (cartelería, aroma documental, signos y formas), un ácido sentido del humor y una interpretación sorprendente de Luis Garrel, que le pone una perfecta vestimenta «gilí» al intocable Godard.

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