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Crítica de No dormirás: Taller teatral terminal

«Su condena está escrita hasta un «finale con tutti» de cuarto milenio y cuartas paredes que caen como «referente gótico inevitable» la mismísima casa Usher»

Escena de No dormirás, con Belén Rueda
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Hay aquí dos propuestas distintas que conviven incómodamente entre sí. Una es una manida pieza de terror ambientada –cómo no– en una especie de casa encantada, narrada –cómo no– a base de sustos y asaltos sónicos al espectador, y que nunca consigue instalarse en el terreno, en la lógica, de la alucinación y la pesadilla por más aspavientos y pimpampums que incorpore. La relativa elocuencia formal del director Gustavo Hernández acaba volviéndose en su contra, al revelarse como papel de envolver un material trivial.

La segunda propuesta podría tener más interés, al venir justificada y arropada en ese envoltorio de género. Es la idea de que el «gran arte» escénico (o cualquier otro) sólo es accesible desde una condición extrema, en este caso el insomnio forzado y la percepción alterada. «Sin locura, no hay creatividad», es el eslogan que le espetan a la joven aspirante a protagonizar una función tan maldita como la cinta de vídeo de «The Ring»… Ella podría olerse la tostada y responder con otro eslogan: a quien los dioses (aunque sean los del teatro) quieren destruir, primero le vuelven loco. Pero no, su condena está escrita hasta un «finale con tutti» de cuarto milenio y cuartas paredes que caen como «referente gótico inevitable» la mismísima casa Usher. Pero esto no es «The Baby of Macon», ni mucho menos «Las zapatillas rojas», ¿a qué viene tanto «mcguffin» de invocación al arte?

Dirección: Gustavo Hernández. Intérpretes: Belén Rueda, Eva De Dominici, Natalia de Molina