Crítica de Moonlight (***): Figura atrapada en tres tiempos

Jenkins es capaz de controlar por completo todo ese recorrido y las diversas conmociones que produce el disparo del guión a su personaje

Escena de Moonlight
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Una película aparentemente de esquina que se ha colocado en el centro gracias a su irrupción en los próximos Oscar en las mejores candidaturas, y que puede dar la sorpresa en alguna precisamente por su tamaño y la enorme sensibilidad de lo que cuenta. «Moonlight» es el segundo largometraje de Barry Jenkins y contiene dos grandes peculiaridades: de personaje y de lugar. La cámara acecha tanto el envoltorio como el relleno de un personaje en tres épocas cruciales de su (cualquier) vida, durante su infancia de chico negro «especial» en los arrabales de Miami, durante su adolescencia sufrida y con todos los clichés de su infancia ya enquistados en él, y durante su madurez, cuando ya es dueño de su personalidad (clichés) y tiene recursos para manejarla.

Sorprendentemente, Jenkins es capaz de controlar por completo todo ese recorrido y las diversas conmociones que produce el disparo del guión a su personaje: un niño que vive en un avispero (en casa, con su madre, con la droga, en el colegio, con el «bulling», en su barrio, para el que es definitivamente «blando»…), un adolescente que asume su homosexualidad y que, aún desarmado, intuye la necesidad de una costra y una reacción. La película consigue aclimatar todas las penosas circunstancias sociales que le rodean a su proyección o progresión como individuo, y le sustrae al espectador (podría considerarse un hallazgo) los detalles de su transformación: es curiosa la naturalidad con la que uno acepta las elipsis, y no es preciso ver el camino de sus metamorfosis, sin duda durísimo, para entender sus variaciones físicas y psicológicas, y una mutación mezcla de sí mismo y de aquel personaje de su infancia que lo ayudó (personaje que interpreta Mahershala Alí, por el que es candidato a un Oscar secundario).

Es una película dura e imantada, de narración y cámara precisas, y que probablemente viene, más que a criticar situaciones sociales y existenciales, a proponer un inevitable consenso entre ti mismo y tu entorno.

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