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Crítica de Loving Pablo: El arte de no pasarse de la raya

El proyecto es de Javier Bardem; el punto de vista, de Virginia Vallejo, y la firma, de Fernando León de Aranoa

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El proyecto es de Javier Bardem; el punto de vista, de Virginia Vallejo, y la firma, de Fernando León de Aranoa. Complicado acercamiento al personaje de Pablo Escobar, pero que se queda empotrado en la pantalla ya sin apenas complicación, o complejidad. Personajes en dos dimensiones que, al menos, son rellenados por esa rotundidad y entrega carnal de sus dos estrellas protagonistas, en especial Javier Bardem, cuya capacidad de inmersión y clonización de cualquier personaje es de aplauso (y solo comparable a la de José Mota o Carlos Latre en esa faceta). El guion de Aranoa absorbe el espíritu de la trama del libro de Virginia Vallejo, la periodista y amante de Escobar que remeda con gracia y temperamento Penélope Cruz.

La película no es, o no pretende ser, un «biopic» del siniestro personaje, aunque subraya con el mismo lápiz su papel de benefactor social con el de impulsor del narcotráfico internacional y creador del Cártel de Medellín, sus dotes de manipulador político y sus «cualidades» familiares. También, sus arrebatos de crueldad combinados con sus bondades y maldades íntimas y sus grandes aportaciones estéticas a ese punto mucho más allá de lo hortera. Es el punto de vista de su ex amante, aunque no consiga Fernando León atarlo con lógica durante todo el relato (de hecho, es la voz en off de ella, Penélope Cruz, la que tiene que disimularlo en varias ocasiones).

El motor de la película es la relación entre Escobar y su amante, también entre Escobar y su familia y el paraíso del narcotráfico que construyó, pero el retrato es apenas sombrío (al menos, si se lo compara con el Escobar de Benicio del Toro en la película de Andrea Di Stefano), y quizá el mayor nervio de la historia esté en momentos como el aterrizaje de la avioneta en una autopista, en las escenas de fauna en la finca de Escobar o en esa violencia animal que sabe Bardem exprimirle a su primer plano. Ha habido últimamente un excesivo trajín de Escobares en las pantallas, entre series y películas, y eso tampoco le ayuda a esta de Fernando León, que no se pasa de la raya.