Logan (**): A la vejez, viruelas

A los problemas psicológicos, de carácter agriado y de nula sociabilidad que siempre ha demostrado tener ese muermo andante llamado Logan, se le unen ahora los propios de la edad

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Es indudable que el personaje de Lobezno tenía una garra especial dentro del equipo de X-Men, lo que le ha permitido establecerse en el cine con empresa propia y tener una trilogía al margen del famoso grupo de superhéroes. Y ésta es la última entrega de esa serie, que la dirige James Mangold, como la anterior, y que nos transporta a un futuro cercano, pero convenientemente distópico, en el que ya apenas hay superhéroes y los que quedan están ya para un viaje programado del Imserso.

A los problemas psicológicos, de carácter agriado y de nula sociabilidad que siempre ha demostrado tener ese muermo andante llamado Logan, se le unen ahora los propios de la edad, aunque aún está lo suficientemente en forma como para velar por un demente Charles Xavier, el cerebro más impresionante de la historia y que ahora es un peligro público al no poder compaginar sus poderes mentales y el alzheimer…

Es, pues, una visión oscura y más que adulta (vejestoria, senil…) en la que la esperanza mutante y de un mundo idílico se torpedea desde dentro. El argumento es un tanto peregrino, pues hay que defender lo viejo y luchar por la esperanza de lo nuevo frente a unos villanos de pacotilla, lo cual hace Lobezno con su mala leche habitual pero muy menguado físicamente (tal vez haya mucha lucidez en Hugh Jackman al incorporar su propio desgaste físico al de su personaje).

Tiene gracia teórica y no tanto en la práctica que le pongan frente a frente con una versión mejorada y joven de sí mismo, así como que le aparezca una descendiente genética, con lo que en la escena se apelotonan más cuchillas que en una vieja serrería. Por alguna extraña razón, el fondillo del mensaje es incomprensiblemente eficaz, pues cualquier espectador sentirá la angustia de lo que es vivir en un mundo sin superhéroes, que ya me dirán ustedes como se asienta tal cosa en una sociedad actual que vive tan a gusto rodeada de villanos. Pero es entretenida, esperanzadora y hasta sugerente, en especial si nunca se ha puesto sobre un pedestal toda esta problemática del mutante de tebeo.

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