Crítica La librería: Pasión y firmeza entre líneas

Tanta sensibilidad como circula por las venas de la película se ve adornada por una melódica puesta en escena

Patricia Clarkson, «la villana» de «La librería»
Patricia Clarkson, «la villana» de «La librería»
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En los primeros minutos de esta maravillosa película, una voz en «off» nos regala algunas ideas y sensaciones sobre el placer de la lectura, sobre esos momentos de profundo deleite cuando uno descubre entre las palabras de un libro esas emociones que sabe cómo tenerlas pero no cómo expresarlas. Y aun conteniendo ese perfumado elogio a las letras, Isabel Coixet organiza en su desarrollo otras alabanzas a flujos internos tan «superados» hoy como el amor a la lectura: el buen tesón, los principios, el respeto, el buen gusto...

La historia es sencilla: una mujer cumple su sueño de abrir una librería, la única en un pequeño pueblo inglés, e incomoda con ello los intereses de la alta sociedad del lugar. Pero, lo que explicado en una línea es sencillo, el hermoso trabajo de Coixet consigue envolverlo de tantas sutilezas y complejidades, de tanto mundo interior agazapado en los personajes, sus actos y diálogos, que se asiste a todo ello como a un duelo de «western», pero armado de ironías y cinismo «british», ese que subyace detrás del texto y del rostro de los personajes. La relación entre Emily Mortimer (ella) y Bill Nighy (un viejo viudo, lector y ermitaño) produce momentos de cine acorazado de emoción sólo comparables a los de Anthony Hopkins y Emma Thompson en «Lo que queda del día», esa especie de implosión de soledades, de afinidades, pero separadas por la inmensidad de un centímetro.

Tanta sensibilidad como circula por las venas de la película se ve adornada por una melódica puesta en escena (todo el frío por fuera) y unas interpretaciones de fábula, a cuyo tono pertenece la de la «villana» Patricia Clarkson, esa actriz capaz de transmitir el mal (o lo divertido del mal) con ojos golosos. Hay que felicitar a Isabel Coixet por limar hasta casi la absoluta redondez esta película sobre todo eso tan «viejo», tan «pasado» (del cine, y de lo demás), que es imprescindible verlo, paladearlo y conservarlo.

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