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Crítica de Lady Bird: Ella era una estrella

Greta Gerwig escribe y dirige con tan modesta maestría esta opera prima en solitario sobre una mujer que, al contrario que ella, no parece hecha para marcar tendencia

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Otra de las películas que más ha gustado a la crítica americana este año y otra historia de madre e hija, como todos los estrenos de esta semana (¿se imaginan que la cartelera fuera así, temática…?). En parte, la razón por la que gusta tanto es porque la firma Greta Gerwig, genuina musa del nuevo cine indie. Su pareja artística y personal, Noah Baumbach, la dirigió en «Frances Ha» y «Mistress America», co-escritas por ella: si quieren entender su fama, y enamorarse un poco de ella, véanla en esas dos o mejor aún en «Damiselas en apuros». Pero el estilo de Greta, el que sea el tipo de actriz que podría vivir de «influencer» de moderneces varias (es como una Annie Hall hecha carne), tiene poco que ver con el mérito de haber escrito y dirigido con tan modesta maestría esta opera prima en solitario sobre una mujer que, al contrario que ella, no parece hecha para marcar tendencia.

Al contrario, esta chica insatisfecha sólo quiere salir de Sacramento, porque es un sitio muy paleto, y vivir en la metropolitana NuevaYork, y lleva su complejo al extremo de hacerse llamar Lady Bird, casi como si fuera Lady Day (Billie Holiday), a tal punto se siente incómoda en su propia piel. Ello no tiene que ver con el hecho de que estudie en un colegio de monjas católicas, un entorno que cuando aparece en el cine americano se presenta de forma más pintoresca o excesiva que aquí (recuerden, pero no se les ocurra volver a ver, «Superstar», versión histérica de este mismo tipo de estudiante católica). Parece ser que Gerwig está contando parte de su propia vida y eso explica su mirada ponderada; la película parece llevar inscrita en su textura la forma en que la distancia que da el tiempo nos permite ver mejor las cosas que en su momento nos amargaron la existencia.

Y eso es todo, realmente, no hay grandes eventos y no hay grandes traumas en juego, aunque no se les ocurra decirle eso a esta lady Pájaro, que lo sufre todo con la intensidad de una adolescencia convulsa. Su madre (grande Laurie Metcalf) no es tan agresiva con ella como imagina: aunque parece que sólo se encuentran en el ring –discutiendo–, la película le ofrece un maravilloso climax dramático en el momento de la despedida. Y su hija Christine, no se lo digan a nadie pero este es su nombre real, es un retrato tan realista que Saoirse Ronan debería ganarse todos los premios del año. Y para acabar con Greta Gerwig, ¿es lícito ver un punto de vista de mujer en el hecho de que la felicidad o la meta de su protagonista no dependa de encontrar pareja?