Críticas de Cine

La vida del calabacín (****): Los niños del nunca jamás

La animación con la técnica de «stop-motion» es probablemente la que mejor conecta con la pureza de mirada de la infancia

La vida del calabacín (****): Los niños del nunca jamás

La animación con la técnica de «stop-motion» es probablemente la que mejor conecta con la pureza de mirada de la infancia, que aún tiene recursos y magias para recubrir e idealizar los aspectos toscos del movimiento de figura y fondos.

Y esta película sorprende al mezclar este ingenuo estilismo con un relato de una descarnada madurez; ya en su arranque, con una muerte accidental que aboca a Calabacín a un orfanato (y a vivir la impactante, dramática, romántica y humana historia que se cuenta), el director, Claude Barras, combina de un modo magistral lo trágico y lo cómico en una fusión casi nuclear de mirada de niño y emoción adulta.

El dibujo de orfanato y de sus personajes contiene, de igual modo, belleza, alegría, oscuridad, observación social y el pulcro talento de ofrecer tantos datos como los que se eluden (podría hacerse un estudio realmente adulto sobre la función de la elipsis en esta película) para que la historia de Calabacín y de sus amigos de orfanato pueda ser vista con mucho regocijo infantil y mucho trastorno maduro.

Tras el «infantilismo del stop-motion» se agazapa la terrible realidad del abandono, la exclusión social, la total desestructuración familiar y hasta el homicidio involuntario…, asuntos de enorme carga emocional que la película sabe manejar con maestría para hacerse visible, recomendable y tragable (con glup) para cualquier edad.

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