Ira (***): Justicia, verdad y cintas de vídeo

Elabora la idea arropada con el posmoderno juego de la confusión de fronteras entre realidad y ficción

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La última película americana de Fritz Lang, «Más allá de la duda», proponía hace 60 años una premisa parecida a la de este debut de Jota Aronak, que ahora elabora la idea arropada con el posmoderno juego de la confusión de fronteras entre realidad y ficción.

Un hombre anuncia que va a cometer un crimen matando al sádico que asesinó a su hijo, y contrata a un reportero para que lo documente, siguiéndole a todas partes con su cámara de video.

Como hacía Lang, se parte de una requisitoria contra la pena de muerte pero aquí se mezcla con una trama de venganza, de tomarse la justicia por su mano, que desde luego se aleja de la claridad analítica de su referente.

No importa mucho porque lo interesante -a quien así se lo parezca- es esa idea de «vamos a jugar a contar docuficciones», que obliga a una cierta estética digital, de cámara en mano y baja fidelidad audiovisual.

Esa estética no logra enmascarar del todo un marcado efectismo visual, que a veces roza esa enfermedad tan posmoderna también que es la imagen publicitaria. Pero el experimento es atrevido y vale la pena.

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