Críticas de Cine

I am not a serial killer (****): Terror a uno mismo

Aunque no traducir este título es un extremo de vagancia, o de modernez, Billy O’Brien completa una película original e inquietante

Fotograma de «I am not a serial killer»
Fotograma de «I am not a serial killer»

Aunque no traducir este título es un extremo de vagancia, o de modernez, Billy O’Brien completa una película original e inquietante. Que sea irlandesa ya es atípico. En el terror clásico, el miedo lo sienten las víctimas. Aquí el atemorizado es un joven que teme convertirse él mismo en asesino. Y no en uno cualquiera, de los que matan a granel.

El protagonista es un estupendo Max Records, nombre tan improbable como el de su personaje: John Wayne Cleaveres. Es un ser solitario, obsesionado por los asesinos en serie y con una madre dedicada al negocio funerario. No es tan rara su «vocación» sociópata, que ahora con rutinas para no descuartizar a nadie cuando le entran ganas. Como casi todos. Tampoco sorprenden sus raptos filosóficos: «El miedo es algo muy raro. La gente tiene miedo de muchas cosas, pero nunca de sus propios actos», dice. A su lado, Christopher Lloyd es un complemento perfecto, todavía capaz de sorprender.

Lo mejor de todo es que la cinta no es pretenciosa. Con su aire de serie B ochentera, cuenta lo difícil que es ser normal, argumento que podría dar miedo pero del malo. Por fortuna, el guión es inteligente y retorcido, teñido de humor negro. Indaga en la capacidad de amar y matar a la vez, de sentir ternura por alguien y absoluto desprecio por los demás. De la historia solo añadiremos que en el pueblo empieza a morir gente y que el espectador atisba un par de resoluciones más o menos obvias. Que se cumplan o no será clave para ajustar el juicio. Resulta paradójico que lo más sorprendente del final sea justo su punto débil.

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