Críticas de Cine

Testigo (***): Atrapado en la tela de araña

Lo mejor de la película, además de su brevedad, es que en todo momento se hace casi imposible anticipar lo que ocurrirá a continuación

François Cluzet protagoniza «El testigo»
François Cluzet protagoniza «El testigo»

François Cluzet es un actor «intocable», de la primera división de intérpretes franceses. Aquí soporta casi todo el peso de una historia kafkiana: un hombre corriente se ve atrapado en una tela de araña indescifrable, en la que encuentra inesperados recursos, como mínimo para seguir con vida. El personaje de Duval (Cluzet) es una versión moderna y desprovista de humor del Kaplan (Cary Grant) que trepaba por el monte Rushmore en «Con la muerte en los talones».

Lo mejor de la película, además de su brevedad, es que en todo momento se hace casi imposible anticipar lo que ocurrirá a continuación. El debutante Thomas Kruithof escribe y dirige una historia que destaca por su originalidad, pese a sus referentes más o menos obvios, de los que se aleja hasta lograr un tono personal. El autor incluso juega al despiste de géneros. Un espectador que abandone la sala poco después de empezar la proyección se irá sin saber siquiera de qué va la cinta.

Kruithof, por otro lado, arriesga poco desde el punto de vista visual y formal. Más allá de su lograda atmósfera, la película no entra por los ojos. Los actores parecen demasiado lejos, como si la cámara temiera contagiarse de algo. En este sentido, contrasta (para mal) con la serie francesa «Oficina de infiltrados», en la que también aparece la misteriosa DGSE (Dirección General de Seguridad Exterior). Para un ser humano normal, es imposible saber si la pelícuál está más o menos cerca de la verdad que la serie, pero el amor no necesita razones objetivas. Nuestro «Testigo» no llega a hacerse querer y sus enigmáticos jefes caen directamente mal.

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