Déjame salir (***): Adivina quién viene esta noche

Mucho humor interracial y unas dosis de intriga tremenda y fresca dentro de ese cajón desastre que es el cine de terror

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No estamos en la América de Spencer Tracy, pero el arranque de esta historia tiene un refilón con aquella de Sidney Poitier cuando iba a una cena de presentación de los padres de su novia blanca. Aquí, el joven negro es fotógrafo y los padres de su blanquísima novia son un producto perfecto de la América post Obama…, no tendríamos, pues, que estar precavidos por encontrarnos ni ante un planteamiento nuevo del racismo ni, mucho menos, ante un «thriller» surrealista. Pero es lo que hay: mucho humor interracial y unas dosis de intriga tremenda y fresca dentro de ese cajón desastre que es el cine de terror.

El espectador vive la película junto a Chris, hombre sensato y que sabe acomodarse a las molestias (toquecitos, miraditas, consideraciones sin malicia) que los blancos precisamente no racistas les ocasionan a los de su raza, y nota toda esa presión artificial que le envuelve en un fin de semana digno de Ben Stiller, pero con otro tipo de gracia. Cuando la molestia se transforma en perturbación y tensión, la película se adentra de modo interesante en el género que la espera: no es exactamente el de terror (prohibido asustar) sino en algo más cercano a la pesadilla kafkiana. Pero sin abandonar nunca el hilo que la ata a la comedia.

Por eso «Déjame salir» es ingeniosa, socialmente polémica, fresca como «thriller» o fantasía, aguda en su visión y comentario, inquietante, y desde luego entretenida y divertida. Es la primera que hace el director Jordan Peele y demuestra un enorme talento en combinar líquidos y géneros, en modular la voz para tratar el racismo de modo inteligente, para aterrar sin asustar y para mostrar un cortecito transversal de los últimos impulsos de esa sociedad que no dejamos de mirar ni criticar.

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