Churchill (***): Impecable retrato sin sangre

Brian Cox, uno de los grandes, compone un líder con matices hasta en las bolsas de los ojos

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Al otro lado del Canal de la Mancha, vista «Dunkerque», Winston Churchill se resiste a bendecir el día D diseñado por los generales estadounidenses. El personaje central, como Hamlet, es casi una parada imprescindible en la carrera de todo actor británico. Brian Cox, uno de los grandes, compone un líder con matices hasta en las bolsas de los ojos. El suyo es un Churchill engreído y casi borrachín, salvapatrias en un sentido no tan malo, preocupado de verdad por la suerte de sus soldados, que en el tablero de Eisenhower y Montgomery parecen meros peones dispuestos al sacrificio para dar jaque mate a Hitler.

El personaje sufre de verdad, dividido entre el estadista y el ser humano, mientras una excelente Miranda Richardson reprime su propensión a los excesos. No se esperaba menos de una película que plantea un debate profundo desde el lado menos ventajista. John Slattery y Julian Wadham también brillan como estrategas algo ludópatas, mientras que el rey Jorge VI, interpretado por James Purefoy, protagoniza una de las mejores escenas, en parte por su brevedad.

Es justo de lo que no anda sobrada una película engañosamente corta. Sus 105 minutos parecen más largos, como sugería el clásico protagonizado por John Wayne. El riesgo de aburrir al espectador menos paciente permanece agazapado en cada plano. Al retrato, académico e impecable, le falta sangre. O chispa.

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