Crítica de «El castillo de cristal»: La familia mancha

«Podría haber sido una película de agresiva dureza, pero decide dirigirse más al corazón que a la tripa»

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Melodrama familiar en dos tiempos y basado en las memorias de Jeannete Walls, escritora que narró con gran éxito su trayectoria vital junto a un padre alcohólico y excéntrico, una madre chalada y sus tres hermanos que tuvieron que ingeniárselas para sobrevivir en un ambiente descuidado, nómada y radical. La película recoge ya al personaje central, Jeannette, en edad adulta y socialmente adaptada (se va a casar con el antípodas paterno, alguien con dinero y posición social), pero su presente se entrelaza en imágenes con su demencial pasado.

El director, Destin Cretton Las vidas de Grace»), atiborra la narración de «flashbacks», de anécdotas de lo vivido por esa familia en la que la figura del padre se dibuja como una influencia maligna, pero también como alguien de poderosa imaginación y profundo sentido de la «libertad», y sobresale sobre todo lo demás el trabajo de Woody Harrelson, tan eficaz en hacerse odiar como en resultar descorazonador y entrañable.

El título alude a los sueños incumplidos, y traza una línea equidistante entre lo alternativo (educación, relaciones, vida...) y lo estable, y deja una impresión reconciliadora entre el pasado perverso y el presente comprensivo. Brie Larson (Oscar por «La habitación») entiende y transmite a la perfección el conmovedor trayecto de su personaje y su compleja y emotiva relación con los sueños y pesadillas paternas. Podría haber sido una película de agresiva dureza, pero decide dirigirse más al corazón que a la tripa.

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