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Crítica El Autor: Mortal y prosa

La película busca con ahínco y éxito las circunstancias del autor, y encuentra para él personajes grandiosos

Javier Gutiérrez protagoniza «El Autor»
Javier Gutiérrez protagoniza «El Autor»
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Hace una semana, Isabel Coixet y «La librería» hablaban con pasión de la lectura, y ahora lo hace Martín Cuenca y «El Autor» de la pasión por la escritura, de los ingredientes que se cuecen alrededor de alguien que se muere por escribir. (Un paréntesis que sobra: en contra de lo que parece lógico, es más fácil escribir que leer, y sólo hay que contar escritores y lectores; y es más difícil escribir para muchos que para pocos). Martín Cuenca nos muestra a un autor, un hombre obsesionado por serlo a lo grande y sus circunstancias, una esposa con «despreciable» éxito literario, un profesor de escritura con ímpetu para dar consejos y para comer gambas, y una vida nueva que se le abre a su necesidad de observar y escribir concentrada en su peculiar casa de vecinos…

La película busca con ahínco y éxito las circunstancias del autor, y encuentra para él personajes grandiosos, en especial esa portentosa, maliciosa y graciosa portera que interpreta con tanta entrega y talentos Adelfa Calvo, que consigue, frente a Javier Gutiérrez, varios momentos de emoción turbia, de brutal sinceridad y de amargura picante, dulce y agria. La mezcla de perversión, manipulación, negrura y gracia en la trama es redonda, sin abolladuras, y funciona de modo deslumbrante del principio al fin, de los principios a sus consecuencias, y se asiste a ella entre el estremecimiento y una risa nerviosa, floja, intranquila. Está llena de aciertos interpretativos, por supuesto, el vuelque absoluto en su personaje de Javier Gutiérrez (tan frío, tan espumoso), pero también de todas sus «circunstancias literarias», la portera, la pareja de vecinos, el anciano misántropo…, personajes que hacen que se cueza su novela entre las sombras de una pared del patio interior.