La autopsia de Jane Doe (***): La muerta está muy viva

Ambientar la acción en la morgue es una excusa para propinarnos una sobredosis de sustos con el único consuelo de que estamos preparados porque sabemos que es una de miedo

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Las películas de autopsias es lo que tienen, o se decantan por un enfoque documental dificilmente soportable (véase, o casi mejor no, un título mítico de Stan Brakhage, por no hablar de la española y no menos legendaria «Ca-da-ver-es») o bien proponen algo mucho más llevadero: ambientar la acción en la morgue es una excusa para propinarnos una sobredosis de sustos con el único consuelo de que estamos preparados porque sabemos que es una de miedo, etc.

La otra diferencia es que en los documentales los muertos se dejan hacer mientras que en las de terror no dejan de hacerle la vida imposible al sufrido reparto, que para eso está. Siempre digo que no me gusta este género pero no hacen más que contradecirme produciendo joyitas como esta o como «No respires», que tienen la gran virtud de servir de correctivo al gigantismo de Hollywood y también la de saber aprovechar una idea estrujando al máximo todas sus posibilidades.

La idea que se exprime aquí es esta: una pareja de forenses (son padre e hijo, y el que inicia en el oficio a su retoño es un magnífico Brian Cox) se enfrenta al cadáver de una desconocida —una Juana Nadie, como dice el título—, y cuanto más la rajan más cosas extrañas encuentran.

No puedo darles muchos más detalles sin destripar el corpus de la trama (quizá la frase no sea muy afortunada) pero les aseguro que los sustos llegan cuando tienen que hacerlo y que el descenso a los infiernos está empedrado de soluciones más legítimas que efectistas.

Esto a los fans del género no les preocupa mucho pero los «evaluadores externos» como yo lo agradecen. Y una revelación más, que sí se puede contar, la actriz que hace de muerta, consigue meternos el miedo en el cuerpo solo con la expresión de su cara: esta chica promete.

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