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Crítica de «Los 50 son los nuevos 30»: Drama en salsa de comedia

«El arranque es dramático, el desarrollo amargo y el desenlace contiene esos retoques del falso consuelo. No está nada mal para ser, descaradamente, una comedia»

Escena de «Los 50 son los nuevos 30»
Escena de «Los 50 son los nuevos 30»
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El arranque es dramático, el desarrollo del argumento explora un fondo muy amargo y el desenlace contiene esos retoques del falso consuelo, que es con lo que se suele maquillar el desconsuelo. No está nada mal para ser, descaradamente, una comedia, y que además funciona muy bien como tal. La guionista, Valerie Lemercier, es también la directora, y ambas, la protagonista, una mujer que llega a los cincuenta perseguida por un tópico, tan vital como cinematográfico: pierde su trabajo y su liviano marido la abandona por otra mujer más joven, lo cual la obliga a volver a casa de los padres (capítulo aparte merece la cantidad de humor y amargor que produce la descripción infantiloide de los padres, y sus vidas paralelas y para lelos).

Una vez enjugadas las lágrimas jocosas por la situación grotesca, la película cambia de color con la aparición de su mejor personaje, un cocinero portugués, también en edad de merecer…, mejor suerte, tan separado y tan okupa en casa de los padres como ella, y que le aporta algunos humores románticos a la historia y aliña con especias varias la depresión de la protagonista. No es un humor fino, ni está rociado con grandes momentos ni salsas apetitosas, pero funciona amablemente gracias a la simpatía del actor que lo encarna, Patrick Timsit, y al hecho relevante de que ambos, él y ella, están muy lejos de ese modelo azucarado de parejita en primavera: son moderadamente feotes pero destilan esa química imprescindible para situarse cerca de ellos y de sus cosas.

Es evidente que con esos hilos argumentales, un cineasta fetén te amarga la tarde y te hace sentir todo lo asqueroso de la vida, la familia, el sexo y las cocinas de los restaurantes, pero afortunadamente Lemercier le pasa un paño húmedo a «la realidad» y deja esta película entrañable, divertida y hasta optimista (un poco).

Dirección: Valerie Lemercier. Intérpretes: Valerie Lemercier, Denis Podalydès, Patrick Timsit